Lo nuevo, ¿dónde está?

Por Carlos Luis Baron miércoles 7 de agosto, 2013

Todos los partidos políticos dominicanos padecen el síndrome del estancamiento ocasionado por las viejas figuras. Los eternos cabecillas, que no fueron líderes máximos, pero que han sabido cosechar el nombre conseguido en las luchas juveniles.

Ya es hora de que todos los partidos políticos procedan a cortar de raíz a los viejos robles. Son entes anacrónicos que no caben en la estructura política nacional, salvo que sea para re-encaminar pasos hacia los fracasos. Esos viejos robles, nunca fueron jóvenes.

Se hicieron viejos en su primera juventud, siguiendo a pie-juntillas a sus líderes máximos, y cuando éstos sucumbieron a un proceso biológico, vivieron de su nueva eternidad. Hoy se necesita a líderes políticos que estén sintonizados con la juventud de ahora, con los problemas de hoy. La lucha de los sesenta, de los setenta, de los ochenta y de los noventa, es parte de una historia ya finiquitada.

Esos viejo robles no pudieron llevar a cabo cambios estructurales en sus partidos, y por el contrario, como un as bajo la manga, trataron de resguardar lo que habia, lo que tenían, a pesar de su olor a rancio, con letras difusas del contexto de libros políticos desplazados por la nueva retórica. Lo malo es que hoy los añejos de todos los partidos políticos rehúsan dejar su silla, y entregársela a nuevas caras, a nuevas ideas.

Los jóvenes, en vez de luchar por sus posiciones generacionales, lo que hacen es ponerse a la sombra de los caciquillos, para tratar de sacar beneficio a pelear en conjunto, o ser amplificadores de ellos. Los problemas ancestrales de hambre, de miseria, de falta de educación, de nula asistencia médica, de libertades políticas, sindicales y económicas están presentes hoy, como estaban presentes en el 1961 a la caída de Trujillo. Son esos mismos dirigentes de ayer, los que hoy siguen montados en el estribo. El avance de los partidos políticos dominicanos indica que gente nueva, sin mentalidades obsoletas, son las que tienen que tomar el relevo.

Esa lucha generacional puede fragmentar a todos los partidos, si con tiempo no comprende un sector que ya le llegó su hora de descansar. Los empresarios, contrarios a los políticos, ya se renovaron, tienen nuevas caras, y estan retirados los viejos ogros del empresariado, que enfrentaban a Bosch, a Peña Gómez y eran amigos de Balaguer.

Una de las causas por las que el empresariado, la clase dominante, mantienen el poder sin mucho esfuerzos. Sin cambios, llegará el terremoto incontrolable de la lucha clasista-generacional. Una ley de la vida es indetenible: lo viejo tiene que echarse a un lado, para que nuevos aires dirijan la política nacional.