Los analfabetos somos más en la nación dominicana

Por Carlos Luis Baron jueves 20 de diciembre, 2012

Muchas personas creen que el analfabetismo se limita a no saber leer ni escribir; desconocen que, en una segunda acepción del término, también significa ser ignorante, inculto. (Véase: Pequeño Larousse Ilustrado 2010). De todo eso, ¡sí que hay mucho en esta República!

Luego, si generalizamos el calificativo en relación con la sociedad dominicana, en la que sólo se dice hay un alto porcentaje de gente que no sabe leer y escribir, habremos de encontrar que, cuando de ser ignorantes, e incultos en gran medida se trate, ese número de analfabetos estimado se va a disparar de manera considerable.

Evidencias de esas penosas condiciones, las hay en abundancia por doquier en este suelo patrio, para avalar ese parecer. Pero, las que más a la vista están, entre otras que, tampoco se dejan de percibir son, por una parte, el impacto nocivo que ha surtido efecto considerable, producto de esa penetración cultural mal asimilada que arropa a tantos dominicanos, alienante e inductora en altas dosis, provocando el que ya los mismos, ni siquiera se pueden dar el lujo de disponer de su música autóctona, el otrora, y tan acariciado ritmo del merengue nuestro.

Otra, que lastima en grado sumo el sentir nacional de los que aún estamos orgullosos de haber nacido en esta tierra caribeña, y que evidencia, tanto la ignorancia a “flor de piel” que se tiene, como el gran déficit cultural reinante es, el desconocimiento poblacional casi por completo sobre la real historia nuestra, tan tergiversada, y tintada por los intereses económicos y políticos que rigen; al igual que, en torno a sus hombres de valor indiscutible, defensores a ultranza de la soberanía nacional.

Además, aquellas que ponen al descubierto el irrespeto y la desconsideración hacia sus verdaderos símbolos patrios, que se ultrajan alegremente, ante la mirada indiferente de las autoridades nacionales, a las que correspondería velar por su reverencia y salvaguarda. ¡Eso también es signo de ignorancia!

Pero, donde mejor se advierte el descenso cuantitativo, y en términos de grado, con respecto a lo que se podría considerar como la intelectualidad del país, al igual que, en lo cultural general se refiere, atribuible la baja a un amplio segmento de la sociedad dominicana, con sus secuelas ambas carencias notorias, de falta de ética-moral, como de la mediocridad e ignorancia tan marcadas que nos arropan, por el amplio “espectro” de difusión a que se recurre para actuar, es en los medios de comunicación de masa, escritos, radiados y televisados.

Los mismos son utilizados en gran medida para difundir pareceres, y la presentación de actos considerados impropios a todas luces, incluyendo el loar a gente que, si fueran investigados a fondo, muy poco lo merecerían, por las actitudes nefastas en contra de la población en que han incurrido, cayéndose con regularidad en los limpia-saquismos personales, de manera abierta, como en el “lambonismo” asqueante, que tanto desdice de quienes se adhieren a esas prácticas detestables.

Y, algo que poderosamente llama la atención con respecto a esa temática es que, aquellos que se dedican a esa actividad deleznable, por regular se jactan de ser hombres y mujeres, muy leídos, y con suficiente cultura ambos – no hay ignorancia en ellos -, conocedores de la historia mundial, y de otros temas formativos en los individuos, lo cual resulta muy chocante para cualquier observador independiente, por la forma en que se comportan.

Lo que se infiere de esas actitudes impropias es que, o se engañan a sí mismos; o, venden sus actuaciones regulares, y conciencia, por cualquier suma de dinero ofrecida, cosas que no se corresponderían en realidad con la formación intelectual-cultural que tratan de ostentar.

Las personas en verdad preparadas, y con suficiente cultura por demás, jamás aceptarían “dádiva condicionada” alguna para tales propósitos. Nunca caerían en la práctica de estar “lambiendo” a nadie; y, dando “vacelas” a granel, a gente que a veces tiene menos valía que ellas mismas. ¡Este país es un vecindario; acá nos conocemos todos!

Los que de aquella manera actuemos, loando alegremente y sin reflexión alguna, aun sea por dejarnos usar a conveniencias, debe considerársenos como analfabetos también, pues procedemos en consonancia con esa condición; y, agregados a la gran masa así calificada que aquí se tiene, a pesar de que nada más se repare en los que solamente no saben leer ni escribir.

El número de analfabetos en la República Dominicana, es mucho mayor que lo que se dice. El saber leer y escribir, no correctamente, sólo para defenderse, como se diría en lenguaje pueblerino, ¡son los primeros pasos para superar ese estado, o circunstancia personalizada!

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