Los derechos de la mujer y los femenicidios

Por El Nuevo Diario lunes 16 de enero, 2012

En la carta a Paul Démeny, del 15 de mayo del 1871, Althur Rimbaud, que era vidente y de los prcursores del Surrealismo, en su párrafo 13 que es el penúltimo, lo dedica a la mujer, y expresa algo que aun hoy constituye una proclama revolucionaria, dice: ¡Aquellos poetas serán! Cuando se habrá destrozado la infinita esclavitud de la mujer, cuando ella vivirá por sí misma y mediante sí misma, después que el hombre -hasta ahora abyecto- la habá dejado ir, ¡será poeta tambien ella! ¡La mujer encontrará una parte de lo ignoto! Sus mundos de ideas, ¿serán distintos de los nuestros? Hallará cosas extrañas, insondables, repelentes, deliciosas; nosotros las tomaremos, las compraremos.

"Mientras tanto, pidamos al poeta lo nuevo: ideas y formas…"

Nacido en 1788, el 22 de febrero, Shopenhauer muere en fecha 21 de septiembre del 1821. Para conocer el alcance de la Carta de Rimbaud a su amigo Paul desde Charleville, basta citar estos dos párrafos con que el gran filósofo alemán comienza su ensayo titulado precisamente Las Mujeres, y dicen así:

"Solo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda a la vida, no con la acción, sino con el sufrimiento, los dolores del parto, los inquietos cuidados de la infancia; tiene que obedecer al hombre, ser una compañera pacienzuda que le serene. No está hecha para los grandes esfuerzos ni para las penas o los placeres excesivos. Su vida puede transcurrir más silenciosa, más insignificante y m´ñas dulce que la del hombre, sin ser por naturaleza mejor ni peor que éste.

"Lo que hace a las mujeres particularmente aptas para cuidarnos y educarnos en la primera infancia, es que ellas continúan siendo pueriles, fútiles y limitadas de inteligencia. Permanecen toda su vida niños grandes, una especie de intermedio entre el nio y el hombre. Si observamos a una mujer loquear todo el día con un niño, hailando y cantando con él, imaginemos lo que con la mejor voluntad del mundo haría en su lugar un hombre".

El 30 de septiembre del 1918, el Presidente Wilson pronunción un discurso en el Senado de los Estados Unidos de América, el cual votó en contra de la reforma federal propuesta por el Presidente Wilson, en el sentido de que la reforma del senado a la constitución se extendiera al sufragio de las mujeres, bajo el criterio de que "Si somos demócratas de verdad y deseamos conducir al mundo a la democracia, nada más persuasivo y convicente que nuestras acciones podemos pedir a otros pueblos que acepten en prueba de nuestra sinceridad y de nuestra habilidad para conducirlos al punto de que quieren ser conducidos. Nuestras promesas no bastan.

La verificación debe venir cuando se exija", "No hablo conjeturas", "Esa gente confía en que la grande, fuerte y famosa Democracia del Oeste los conduzca al nuevo día que por tanto tiempo han esperado; y cree, en su sencilla lógica, que la democracia significa que las mujeres han de tomar parte con los hombres en los asuntos públicos, y en las mismas condiciones de igualdad que ellos. Si desechamos medidas como ésta, desconociendo o desafiando lo que esta nueva era nos ha traído, lo que ellos han visto pero nosotros no, su creencia en nosotros vendrá a término; y dejarán de seguirnos y de confiar en nosotros", y, en efecto, asegura, "Las mujeres de los Estados Unidos son demasiado nobles y demasiado inteligentes y demasiado leales para eludir sus deberes, ya sea que se les conceda este derecho, que con entera justicia se merecen o no; pero yo sé muy bien el efecto mágico que obrará en sus mentes y en sus espíritus si se les concede. Yo propongo esta medida como prpopondría la de darles el sufragio a los soldados, a los hombres que están luchando en el campo de batalla por nuestras libertades y las libertades del mundo, si no lo tuvieran ya.

Las labores de las mujeres constituyen el corazón mismo de la guerra, y yo sé cuánto más fuertes palpitará ese corazón si vosotros hacéis esta cosa que es justa, y mostráis a vuestras mujeres que confiáis en ellas tanto como de hecho y por necesidad, dependéis de ellas"; "He dicho que la aprobación de esta reforma es una medida de guerra vitalmente necesaria". Sin embargo, como he dicho arriba, el senado norteamericano votó en contra rechazando el sufragio federal de las mujeres" (Discursos y Mensajes del Presidente Wilson, Capítulo XXIV, págs. 290-297, D. Appleton y Compañía, New York… Lonres, 1919).

La negación de los derechos que son inherentes de las mujeres se pierde en tiempos sin memorias. En Las Mil y Una Noches, no sólo nos presenta la realidad del rey que es aficionado a las narraciones, sino que nos cuenta además que víctima de un engaño de su mujer, decide decapitar a todas las doncellas con las que se casa, para evitarse nuevos disgustos; al fin, le toca en matrimonio la hija de su visir, Shirizad, a la que acompaña su sirvienta, Dinazad, y aquélla, para salvarse de la condena, le va relatando cuentos hasta que el monarca la perdona.

En el Diccionario de historia y política del siglo XX, tecnos, 2001, en el Prólogo, Edward Malefaris, Catedrático de Historia en la Universidad de Columna (Nueva York), bajo el subtítulo de El siglo de la mujer, nos dice lo siguiente:

"El XX también ha sido el siglo de la mujer o del feminismo. A principios dell siglo la mujer estaba limitada, casi exclusivamente, a la vida familiar e incluso allí ocupaba una posición de inferioridad. No era beneficiosa de los derecos humanos más elementales.

La preocupación social por su formación educativa estaba muy poco extendida, y por eso el nivel de analfabetismo entre mujeres solía ser el doble o triple que entre los varones. No podía administrar su propiedad, sino que estaba obligada a dejarla en manos de su marido u otro pariente varón. No podía ocupar cargos públicos ni votar en elecciones.

A fines del siglo la situación de la mujer no era sustancialmente distinta en algunas partes del llamado Tercer Mundo, e incluso en los país más avanzados quedaban rasgos sociológicos de la milenaria discriminación sexual. Sin embargo, y en coherencia con la afirmación que encabeza este párrafo, la condición de la mujer ha experimentado un gran salto adelante, y todo parece indicar que la igualdad de los sexos seguirá ganando terreno en todo el planeta en el nuevo siglo XXI".

Ciertamente, en lso albores del siglo XXI, en correspondencia con lo anteriormente dicho, la Constitución del 26 de enero del 2010 de la República Dominicana, dispone en su artículo 55, entre otras cosas, no solo que "El Estado reconoce el trabajo del hogr como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social, por lo que se incorporará en la formulación y ejecución de las políticas públicas y sociales", sino que también le conce un estatuto legal a las mujeres viven en relaciones concubinarias o en unión, así como la igualdad de géneros.

Sin embargo, resulta una cuestión de Estado el hecho de que acontezca un femenicidio cada treinta y cinco horas, a veces complicado con suicidio. La Procuraduría General de la República bajo la dirección del doctor Radhames Jiménez Peña ha implementado una serie de mecanismo institucionales, así como medidas de orden preventivas que incluyen marchas y llamados que llaman a la prudencia, como aquella frase que nos recordó a Napoleón Bonaparte, en el sentido de que la única batalla que se gana huyendo es aquella en que el hombre huye combatir con una mujer. Es obvio, pues, como ilustro en mi cuento UNA MUJER AGRADECIDA, que aparece en mi libro de cuentos.

El Santo Gran Plena y otros cuentos del Sur, que la ciudadanía debe desempeñar una colaboración esencial con las autoridades, a los fines de que cuánto se vea a las claras que la pareja no anda bien y que el hombre maltrata mujer e hij@s, llamen pongan las cuestión en manos del orden público.

Igualmente, como hay un diez por ciento de mujeres que son violentas, como una que intentó envenenar a su marido para quedarse con los bienes que le correspondían, la comunidad debe actuar de la misma manera. Únicamente con la ciudadanía involucracia en la lucha contra los femenicidios, pueden las autoridades tomar las medidas preventivas. O de lo contrario actuarán cuando ya haya ocurrido una nueva tragedia.

Es bueno terminar diciendo, que como dice Witman en Canto a mí mismo, algo que siempre recordaba Juan Bosch, la mujer pare hembra y pare varón; o como decía Bosch, la mujer es madre de sí misma y la otra parte, es su hijo. Mis queridos hermanos, existen mecanismo legales formales que permiten una separación o divorcio antes de que caígan en el escándalo, en el crimen inclusive. Y pueden seguir siendo amigos, coordinando la crianza de los hijos e hijas, si los tuvieron. El diáglo es lo normal entre los seres humanos; entre las bestias, es la violencia. No es saludable tantos femenicidios, ni tantas violencias que desangran la Patria. Como dice Patricia Ortega: Ni Una Más.

He aquí un Soneto que he compuesto para contribuir con la campaña contra la violencia y contra los femenicidios:

ÁRBOL SUICIDA

El árbol gobierna en el centro del mundo.

Sentado al pié del árbol aquel hombre,

ató la soga dura en alta rama,

decidió que hasta allí llegó su vida.

Del árbol, en un santiamén, entonces,

las hojas, para espanto del suicida,

fueron lloviendo y cubriendo el suelo,

y el cielo se tornó oscuro manto.

El árbol gobierna en el centro del mundo.

Aquel celoso hombre regresó a casa.

Seis niñas lo recibieron cariñosas.

Miró la madre, que lloró de alegría.

Era muy hombruna, pero él la amaba.

Y a los pies de ella, tiró las hojas del árbol.