Los galleros, seudos deportistas, “gallearán” en algún momento

Por Carlos Luis Baron martes 24 de julio, 2012

Dicen los que saben mucho, aquellos que han dedicado gran parte de sus corrientes de vida a profundas investigaciones, a la meditación profunda sobre la creación del Universo; al igual que, sobre la razón esencial de todo cuanto existe sobre el planeta Tierra, “que la ignorancia es el gran pecado capital de la humanidad”.

Que el desconocimiento humano es el aguijón que siempre induce a las acciones desaprensivas. Entre ellas, el no reparar en el derecho a la subsistencia que tienen sus congéneres, y demás especies, que disfrutan del ciclo de vida transitorio que le ha sido concedido.

De ahí que, no es extraño ver las deleznables acciones en que incurren algunas personas, de poner a determinados animales a pelearse y matarse entre sí; mientras, ellas se divierten, disfrutan de los espectáculos sanguinarios que promueven, para satisfacción homicida, podría llamarse, y hasta procurando por demás, ganancias económicas.

La verdad es que, los que así proceden, parecen ser menos racionales que los mismos animales que ellos utilizan como actores principales, para la realización de sus sangrientos eventos, que catalogan luego como deporte, tal es el caso de los galleros, por ejemplo, entre otros.

Y es que, como no saben ni siquiera cuál es su propia esencia, como la finalidad de la existencia física de que disfrutan, es lógico comprender, el que así procedan. No conocen sobre esos aspectos, como tampoco de los efectos que se pueden derivar de las acciones indebidas en que participen. De ser lo contrario, jamás observarían un comportamiento tal, sobre el que tarde o temprano se les habrá de pasar factura, probablemente en el momento menos esperado.

Sería la aplicación inexorable por parte de la Madre Naturaleza de su ley de causa y efecto, a los que mal han actuado, deleitándose y celebrando a costa del sufrir obligado a que lleven a esos irracionales animales.

Recibirán de seguro el mismo tratamiento, la punición correspondiente. Se ensolverán en ellos los mismos sufrimientos causados a esas criaturas, y sus actitudes de crueldad con relación a las mismas. Será de manera muy directa en sus personas; o, a través de uno de sus seres más queridos, cuando menos lo esperen.

Que después no se lamenten, y se pongan a decir, ¿por qué a mi me pasa esto o aquello?; y, hasta culpan a Dios de sus momentos difíciles; en esos, en los que hacen acto de presencia las compensaciones por los actos impropios en que han participado; debido a las causales sembradas con anterioridad, sin ningún tipo de reparo compasivo. Que tengan presente que, ¡Dios no castiga nadie; simplemente, recogemos lo que hemos sembrado!

Cabría agregar aquí, a manera de complemento que, todos los animales que habitan sobre el planeta Tierra, en sus diferentes especies, les fueron dados a los hombres como compañeros, auxiliares y colaboradores; que cada uno tiene un propósito definido en su existencia; que ninguno está demás, tal cual ocurre con los órganos que componen la economía física humana, y la de ellos mismos también; que por tanto, debemos verles y tratarlos como tales, observando siempre un comportamiento de respeto y consideración hacia ellos.

Aunque a muchos les parezca extraño, lo que vamos transcribir aquí, respecto a una especie de la cual nadie quiere saber por su hediondez y “feura”, sí que parece muy lógico y razonable a nuestro entender.

Nos referimos a la cucaracha, sobre la que dice Bárbara Marciniak, en su obra “Tierra, Las Claves Pleyadianas de la Biblioteca Viviente”, lo siguiente:

“Son una especie bastante resistente que ha sobrevivido a unos cambios energéticos, han aprendido como transmutar las toxinas una y otra vez. Ellas están aquí para reclamar vuestra atención sobre cosas que no son precisamente elegantes – cosas que están dentro de vosotros y que necesitan exteriorizarse -. ¿Qué hay dentro de vosotros que os está dando guerra? Y, ¿cómo os podéis volver más resistentes como especie?”

Entonces, amigos lectores, estamos hablando de una de las especies más insignificantes a juicio de los humanos; y, observemos la importancia que tiene. ¿Qué se podría pensar luego, con relación a todas las demás, aun sin conocerlas, y la forma en que deben ser tratadas?

Fíjense en que hoy, se está hablando en nuestro país sobre la posibilidad de recibir beneficios económicos en la exportación y comercialización de alacranes que son endémicos de la región sur, para la elaboración de un medicamento anticancerígeno a partir de esos, por considerarse que los mismos proporcionarían elementos activos que tienen propiedades curativas para esa terrible enfermedad terminal. (Véase periódico “HOY, del 2-7-12, página 14B).

Es una lástima entonces, que en este país muchos ciudadanos sólo estén pensando en las peleas, y matanzas de gallos entre sí; que no hayan reglas claras y legislaciones apropiadas con respecto a la preservación y cuidos de todos nuestros animales, gracias a la dejadez que hasta ahora había observado el Congreso Nacional que nos gastamos los dominicanos, en al sentido, interesado nada más en la aprobación de leyes inaplicables, la autorización de préstamos con el exterior; y por supuesto, en aumentar la gran alcancía estatal, con el producto de los impuestos fiscales, en base a los sacrificios obvios a que es sometida la población en general.

Por suerte, parece ser que en estos momentos, ese primer poder del Estado nuestro está por reivindicarse, con la aprobación final del proyecto de Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable, ya conocido y aceptado por el Senado de la República, enmendado; aunque, aún no ha recibido la aquiescencia de los diputados en esta segunda fase, del que fuera la iniciativa original.

También lucen quedar pendientes, precisamente, los asuntos relativos a las “lidias de gallos”, que no deberían ser exceptuadas jamás dentro de ese marco jurídico; ya que de hacerlo, le restarían bastante brillo a la susodicha nueva normativa regulatoria.

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