Los Ilegales

Por Carlos Luis Baron martes 12 de junio, 2012

La República Dominicana es un país que exporta miseria y desesperación a todo el mundo. Los desamparados de la vida viajan a los Estados Unidos y toda Europa, sobre todo a España, buscando un futuro mejor.

Se van en yola a Puerto Rico, en la bodega de barcos furgones, y de polizones con pasaportes falsos en los aviones. El caso es salir del país, a como de lugar.

Al dominicano que logra llegar ilegal a los Estados Unidos, o a Europa, se le da un trato de perro, ocupa los puestos más bajos de la producción, tiene que hacer los trabajos que rechazan los nativos, y ni siquiera se les trata con la dignidad de un ser humano.

Tenemos millones de dominicanos distribuidos en todo el mundo en condición de ilegales, y realizando el trabajo que venga a bien, para ganarse la vida honradamente.

Cientos de mujeres, ante el drama de la miseria en la República Dominicana, han tomado un avión y se han ido a vender sus cuerpos, a cueriar en los cabaret de la vieja Europa. Esa es la verdad, aunque los fabricantes de imágenes quieren obviar ese hecho y pensar que no se da.

Somos un país donde es casi imposible que haya un dominicano que no tenga cerca de si a un o una ilegal. Un familiar, un amigo, un antiguo compañero de trabajo, o de estudio. Es raro, por no decir imposible, el que diga no conozco a nadie que se encuentre ilegal en un país del mundo.

He visto una noticia, que me ha puesto a meditar si los dominicanos hemos perdido la sensibilidad humana y social, y si sabemos lo que estamos haciendo.

Se quiere ahora prohibir que los hijos de ilegales asistan a la escuela. Cuando en este país se habla de ilegales, es de haitianos. Aquí no hay chinos ilegales, italianos ilegales, españoles ilegales. Los ilegales única y exclusivamente en el lenguaje nacional son los haitianos.

Se quiere prohibir que vayan a la escuela los hijos de haitianos. Se le va a dar forma oficial a esa situación, porque ahora mismo hay que tener el acta de nacimiento para inscribir un niño en una escuela, y a los haitianos ilegales no se las dan.

Entonces no hay para ellos educación ni salud. Ese no es el camino. Esperamos que no se lleve a cabo una acción que a todas luces es inhumana.

Aunque ilegales, muchos de esos haitianos y haitianas en preadolescencia nacieron y van a vivir en este país, y evitar que vayan a la escuela, es lanzarlos a la espiral de la violencia, y revivir la miseria.

Hay que tratar de hacer un esfuerzo real y efectivo para que se legalicen los haitianos que llegaron a República Dominicana a trabajar, y que luego se quedaron en forma clandestina. O que se les deporte con respeto a sus derechos humanos

Protestamos cuando a los dominicanos se les da ese trato en los Estados Unidos, pero pateamos a los haitianos, que vienen aquí buscando mejores condiciones de vida.

Ahora no se trata de soberanía, sino de conducta humana. Los males que padece la República Dominicana no lo ocasionaron los haitianos, y sin embargo albergamos más odio hacia estos que hacia España, madre Patria de nuestras desgracias, o los Estados Unidos, explotadores económicos directos.

Tiene que darse otra salida para el caso de los migrantes ilegales, y sus hijos nacidos en República Dominicana, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, les podemos cerrar a estos niños las puertas de la enseñanza.