Los jueces injustos, puerta abierta a la anarquía

Por Carlos Luis Baron jueves 26 de julio, 2012

El pasado fin de semana, como ya se está haciendo costumbre en nuestro país, el reposo y la paz de los dominicanos fue interrumpido y salpicado por la sangre de personas inocentes, que murieron en manos de desalmados delincuentes, cuyo corazón ennegrecido y exacerbado por la maldad y el uso de sustancias adictivas, continúan su andar sin que al parecer nada ni nadie los pueda detener.

Esta vez entre los muchos casos, le tocó al hijo de una hermana en Cristo, a cuyo hijo lo mataron de un balazo en la espalda en un atraco en el sector de Los Prados.

EL nombre no interesa, se trata de una víctima más que engrosa las filas de las muertes a destiempo y llena de luto a las familias de la República Dominicana.

La seguridad nacional es un problema que debe ocupar el primer lugar, en las mentes de los que dirigen los destinos de esta nación y en especial del presidente electo licenciado Danilo Medina Sánchez.

Las implicaciones de la inseguridad ciudadana, van más allá, de lo que a simple vista puede apreciarse, porque genera cambios profundos en el modo de vida de los dominicanos. El temor y la intimidación paralizan las acciones de los hombres y el pueblo esta intimidado.

Muchos estudiantes han dejado de estudiar porque en horas de la noche aumentan los atracos, negocios han tenido que cerrar más temprano y poner más sistemas de seguridad en los mismos para disminuir los riesgos de ser víctimas de los que al parecer gobiernan el país, y qué decir de las reuniones familiares que también han disminuido, porque no se debe andar de noche.

Aquella República Dominicana, Quisqueya querida, de los bellos atardeceres, en la que podíamos andar de noche a pies, sin ningún problema, podíamos reunirnos en las galerías de las casas sin temor, ha pasado a la historia.

Y es que todas las cosas tienen un comienzo, tienen una causa y un efecto.

Todo comenzó con una indiferencia de las autoridades en hacerse de la vista gorda, ante hechos que contienden con la ley, con la indiferencia de los padres y su irresponsabilidad en la crianza de los hijos, las enseñanzas en las escuelas cuyo programa actual no instruye a la formación de mejores ciudadanos y lo principal el desconocimiento de Dios y su exclusión de la vida de las personas.

Todas estas son puertas abiertas al desorden, son caminos abiertos a la delincuencia, al irrespeto, a la muerte.

Pero una de las puertas principales que debemos citar es la de los jueces injustos, que fueron nombrados para administrar la justicia, pero negando los principios para los cuales fueron elegidos, le fallan a Dios, le fallan al país y aunque ni siquiera lo piensan están actuando contra ellos mismos y sus familias.

Estos jueces injustos en cuyas manos estamos, sin importar el crimen que haya cometido un delincuente, utilizan los recursos jurídicos a su alcance para liberarlo y echarlo de nuevo a las calles a sembrar terror y muerte, olvidando un principio establecido por Dios que dice: “Todo lo que el hombre sembrare esto segará”, así que tarde o temprano ellos mismos o sus familias serán víctimas de los que hoy ellos favorecen.

El endurecimiento a las penas de los asesinos, atracadores, delincuentes, narcotraficantes y demás basura social, debe ser un hecho, aumentar la pena a cadena perpetua o a cincuenta años y cumplir con las mismas podría ser una forma de disminuir e intimar a aquellos que mantienen al país intimidado.

A los jueces y fiscales injustos y corruptos, que solamente miran la oportunidad de ganar dinero, a estos también cuando suelten a estos malvados deben aplicarles cárcel. Solamente cumpliendo con las leyes y aplicando sanciones drásticas a estos violadores podremos sobrevivir a esta vorágine que amenaza con convertir nuestro afamado sistema democrático en una anarquía.

Aunque parezca duro, las leyes fueron escritas para mejorar la convivencia entre los seres humanos por lo que deben ser respetadas y cumplidas por todos sin excepción.

Finalmente quiero agregar que el papel de la oración y la intercesión por la nación dominicana, debe formar parte de la vida cotidiana de todo ciudadano que le importe su familia y su país. El país necesita oración y acción.