Los perredeistas de la periferia

Por Carlos Luis Baron miércoles 4 de enero, 2012

Los detractores del Presidente Leonel Fernández Reyna, entre ellos intelectuales, escritores, periodistas y cientistas sociales (¿?), han creado dos vías para ejercer su magisterio: a través de la Escuela de la fijación y la amargura (que regentea el vate Andrés L. Mateo) y del Club de perredeitas de la periferia (Juan Bolívar Díaz, Colombo, Cesar Pérez, Margarita Cordero, y una retahíla mas que les da vergüenza confesar que son perredeistas). Ambas madrigueras (la Escuela y el Club), se alimentan y, sobre todo, se apertrechan, de un odio generacional-visceral en contra de un Leonel Fernández Reyna que, sin darse cuenta, ya lo han hecho etéreo.

Los perredeistas de la periferia, se desviven en sustentar y sostener que Leonel es Balaguer; y que (vaya contradicción) no tiene méritos, ni nivel académico-intelectual ni tampoco liderazgo alguno que no sea “mediático” (este último “acierto o hallazgo”, es de una socióloga light). Lógicamente, si examinamos la historia política-electoral del país, afloraría el dato histórico-concreto de que Leonel Fernández Reyna fue (y es) un fenómeno político-electoral.

Para ellos, el Leonel Fernández Presidente es un acto de “generación espontánea”, es decir, con él surgen y se crean los programas sociales, la repartición de alimentos en diciembre, las indulgencias de presos en navidad, las cena-fiestas en los barrios pobres, etcétera. Y como vemos, en esa historia manipulada, desaparece -de golpe y porrazo- el ejercicio del poder del PRSC y del PRD, vale decir, de Balaguer, de Antonio Guzmán, de Jorge Blanco y de Hipólito Mejía (porque ¿qué hicieron en la Presidencia?). Sin duda -y en la tesis de ellos- Leonel Fernández Reyna, es nuestro primer Presidente de la República (lo de 1844, fue un mito). De modo que, él (Leonel), ha creado el método y la perversidad. Por ello y a partir de esa lógica, el “absolutismo” es algo inminente; aunque curiosamente, y en boca de ellos, estamos hablando del mismo Presidente que regenció (acaso no designó una batería de expertos jurídico-constitucionalistas de variopinta corriente política-ideológica a modo de compiladores), apadrinó y consesualizó -de la forma más plural- la última reforma constitucional (enero-2010).

Pero el cinismo mas acentuado en ellos, es no aceptar -¡ni por el diablo!- que están en campaña y pujando por su candidato. Si hay duda al respecto, lean este insumo o ayudita teórico-conceptual-coyuntural de un perredeista de la periferia: “Los cuantiosos recursos de que dispone el partido oficial y el hecho de que el candidato opositor tiene como caballo de Troya al presidente de su propio partido, significan un serio peligro para mantener la ventaja que le asignan las encuestas; eso lo obliga hacer de su candidatura, mas que partidaria, necesariamente la candidatura de una suerte de movimiento y de no hacerlo, sus posibilidades se limitarían; de hacerlo se fortalecería coyunturalmente pero de manera condicionada y al mismo tiempo se debilitaría las posibilidades de su adversario” (Cesar Pérez/ periódico Hoy, 04/01/11).

En otro contexto, la reciente resolución de la ONU, a iniciativa del Presidente Leonel Fernández, sobre la especulación en los precios del petróleo y la crisis alimentaría global, ha devenido en un trago amargo para la Escuela de la fijación y la amargura y para los perredeistas de la periferia, porque ha sido el reconocimiento mundial de un planteamiento correcto y certero sobre la actual crisis del capitalismo mundial. ¿O acaso, los ministros de economía y de finanzas del G-8 y del G-20, son unos “cacos de maco”?

Lo de las Altas Cortes -ya en el plano nacional- fue otro episodio de amargura y frustración, pues a coro con otros sectores de la llamada “Sociedad Civil” y del empresariado (casi partido político) querían exigir y demandar lo que ni la propia constitución manda ni dispone. Al final, ya concluido el proceso un ala de la misma corriente amenaza con denunciar, y la otra, a desacreditar la designación y al proceso. Yo, que no niego el fardo, o el componente político, me consuela recordar aquella doctrina rastrera de elaboración e implementación perredeista: “Primero nosotros, después nosotros, después nosotros, después nosotros… si sobra algo, nosotros mismos”.

Pero finalmente y para quitarnos los calzones, ¿qué fue lo que Leonel heredó en 1996, como práctica de la política y del ejercicio del poder en el país -con la excepción de Bosch-1963-? Por un lado, el caudillismo como hegemonía política-electoral (Balaguer-Bosch, dos antípodas política-ética), el fraude electoral y la reelección (que, dicho sea de paso, Hipólito y el PRD reintroducen: aquella inolvidable reforma de tres noches-2003) como antecedentes históricos; y unos actores políticos secundario-subalternos (además de ciertas fracciones de los fácticos) totalmente corrompidos. Lo del Presidente Leonel Fernández Reyna, sus realizaciones y reformas, a la luz de la historia contemporánea dominicana, es una proeza.

En consecuencia, aquí en el país, nadie que haga opinión pública está exento del ejercicio o del sesgo de la política; aunque con ello, no niego la existencia de ciertas voces independientes; pero las de estos simuladores (los de la Escuela y el Club), es tan política, electoral y parcializada como la mía. ¡No seamos pendejos!

Finalmente, ¿estamos, o no estamos en campaña? Yo digo que sí.