Los pollitos 

Por Carlos Luis Baron martes 17 de julio, 2012

El libre comercio nos ahoga. Nos coloca contra la pared. Si somos pobres, nos lleva a  un paso de la tumba. El libre comercio puede ser todo un éxito, pero se necesita que primero haya libre competencia, que los productos se vendan de acuerdo a su costo de producción, que su calidad se imponga, y que los comerciantes sean por lo menos respetuosos de las reglas económicas.   En el país el libre comercio, no se da.

Lo que se llama libre comercio es un vil aumento de los precios de los productos de primera necesidad, sin tomar en cuenta su calidad, ni su costo de producción.  

La mayoría de los comerciantes dominicanos son mezquinos, quieren vender y ganar lo más que puedan, sin tomar en cuenta que, como hacen los chinos, a bajos precios se vende más, y se hacen mejores negocios.  

La idea de dejar flotar al mercado los precios puede ser buena donde hay reglas claras de oferta y demanda, y se establece el valor del costo de producción, pero en el país esas fórmulas extranjeras solo sirven para que comerciantes inescrupulosos se llenen el bolsillo.  

Por demás, esa avaricia sin cuartel, no puede ser combatida con viejas recetas extraídas de libros llenos de polvo de un defensor del pueblo que no está ni siquiera en nuestra imaginacion.  

Para defender al pueblo del agiotismo, hay que ir al centro de producción o de distribuición. No es pegando una multa al pulpero de la esquina, pero dejando en absoluta libertad de libre movimiento al almacenista.  

Ahora a alguien se le ocurre la socarrona idea de hacer un boicot de un día a la carne de pollo. Pero es para que la lleven a cabo los consumidores de bajo nivel, los que solo tienen por alimentación el pica pollo que se vende en una esquina.  

El pollo es el alimento del pobre, es el que se consume en las frituras de barrios, en los picapollos de chinos y los restaurantes de nivel medio. Pero también está en la mesa de los restaurantes exclusivos, con la pechuga sin grasa, rociada al vino y otras exquisiteces.  

Los chinos dominicanos nos dieron una lección, que tiene más efectividad que el boicot a la carne de pollo. Con sus precios y mucha carne vencieron a la principal cadena nacional de pica pollos que tenía el país.  

Hoy, en los mismos locales donde se establecían las sucursales de esa franquicia hay pica-pollos chinos que venden a granel, más barato y están llenos de clientes. Quiere decir que si hay oferta y demanda, los precios se pueden reducir. Si el pollo está alto, solo hay que llamar al despacho del Ministro de Industria y Comercio a los cuatro grandes productores que tiene el país y se acabó el caso.  

Si ellos dicen que el problema es de los intermediarios, entonces aquí no pasan de ser cinco o seis los grandes intermediarios del negocio del pollo. Se entra en negociaciones con ellos, o se le impone la ley del costo de producción. Cualquiera de las dos, pero que vaya en beneficio de los consumidores.   Cuando se habla de boicot se está diciendo que las autoridades tienen las piernas de mantequilla, y si esa expresión proviene del mismo seno del área encargada de proteger al consumidor, nos llevó el diablo.  

No es el pueblo que debe dejar de comer, es a los empresarios del área avícola a los que hay que sentar en la mesa de negociación o de sanción. Sigamos comiendo pollo, y las autoridades que se pongan el sable en las manos…