Los que sólo viven para ostentar poco duermen

Por Carlos Luis Baron jueves 8 de marzo, 2012

La ostentación humana en todos los órdenes es una actitud siempre egotista, ya sea por una condición propiamente innata en expresión constante por parte de las personas; o, como latente, que sea despertada desde el exterior por comportamientos ajenos observados, que induzcan a querer mostrar siempre igualdad o superioridad en los afectados, para poder sentirse bien dentro del conglomerado laboral o social en que se participe.

Evidentemente, el que es proclive a ostentar, ya sea por una razón u otra, de ordinario tiene que estar incurriendo en gastos superfluos e impuestos, que le permitan mantener de forma consistente un estilo de vida, lleno de apariencias más que otra cosa, y carente de sustentación económica en la mayoría de los casos.

Suntuosas viviendas, buenos carros, viajes placenteros, vestuarios al último guay de la moda, uso de dispositivos tecnológicos modernos, visitas a los restaurantes más caros, e inscripción de los hijos en los mejores colegios, etc., aunque los líos financieros, los altos balances acumulados en las tarjetas de crédito, la falta de liquidez y los acosos constantes de los cobradores, no permitan concentrarse en los trabajos; y mucho menos, dormir en paz cada noche. ¡No hay reposición de las energías gastadas durante las actividades de las horas del día, en vigilia!

Pero, sin importar consecuencias para la salud, el asunto es querer romperles los ojos a los demás. Luego, cuando el mayor activo que tienen los humanos, y que se les proporciona de manera gratuita – la salud -, comienza a pasarle factura, a deteriorarse rápidamente, producto de las presiones económicas y el llamado estrés, entonces se tiene que recurrir de manera obligatoria ante unos empresarios – médicos – que, de inmediato le incluyen en su presupuesto de ingreso mensual, contemplando una o dos visitas durante el período de treinta días.

Ahí, las cosas continúan complicándose más aun, porque hay que buscar mucho más cuartos para honorarios, estudios clínicos y medicinas, a pesar de algún tipo de seguro médico que se tenga; ya que en ocasiones, también se agregan las terapias y las cirugías necesarias. Y, esos dineros hay que encontrarlos a como de lugar, para poder seguir en la lucha por la subsistencia física.

Por tanto, los embrollos y las presiones de corte económico seguirán cada vez más in crescendo, perturbando todo el tránsito existencial en sí, que muchas veces puede llegar hasta la situación de ponerle fin por cualquier vía factible, o de riesgo probable.

Luego, es obvio entender que, la ostentación desmedida, junto a la estrechez económica, atormenta; va socavando las energías físico-mentales de las personas; y que en definitiva, es muy poco lo positivo que se logra adherido a la misma, salvo que no sean los comentarios de la gente, en el sentido del dicho aquel, “fulano si está bien”. Pero, es por lo que se ve desde fuera, la realidad interna se desconoce.

Claro, si los recursos financieros se tienen, para solventar ese proceder ostentoso con holgura, posiblemente las presiones y el estrés no hagan acto de presencia; aunque sí podría ocurrir que, movido siempre por un querer demostrar más intenso, los despilfarros cada vez tiendan a ser mayores, y se produzcan las tan vistas caídas estrepitosas de la gente que así actúa, provocando golpes más severos, como críticas y comentarios burlones por parte de todos aquellos a quienes ayer se les observaba por encima de los hombros.

En consecuencia, la ostentosidad nunca es buena, independientemente de su causa. Traída a la corriente de vida en curso, como karma por conquistar, se debe aprender a combatir conscientemente. O, si es por condición adquirida durante el presente tránsito terrenal – sentido de la envidia, como se dice en el argot popular -, también debe ser objeto del mismo tratamiento; y, enfrentarla con las poderosas armas de la humildad, como el fomentar la actitud a la propensión de sólo tratar de adquirir y disfrutar lo justo y necesario.

¡Reflexiónese sobre eso!

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