¡Los temblores ponen a temblar!

Por Carlos Luis Baron jueves 26 de enero, 2012

Durante el mes de enero del nuevo año 2012 que discurre, los movimientos sísmicos graduales (temblores de tierra), han estado a la orden del día, dejándose sentir en varias zonas del país, incluido el Distrito Nacional, aunque con efectos materiales de poca significación, según las informaciones que se han reportado.

Igual ha venido ocurriendo en otras latitudes mundiales, aunque de mayor intensidad, que sí han provocado en algunas, cuantiosos daños materiales; y en adición, irreparables pérdidas de vidas humanas.

Evidentemente, ya el pánico se deja sentir entre los locales, principalmente, en aquellos que residen en los barrios periféricos de las ciudades, donde las viviendas que se construyen de ordinario carecen de los elementos normativos de seguridad requeridos; pues, allí las casas y edificaciones multipisos se construyen con escasos materiales, y de baja calidad por demás; sin plano alguno, y mucho menos, una supervisión profesional apta.

La recurrencia de este tipo de eventos durante los días recientes, ha inducido a las autoridades del país, a emitir las recomendaciones de lugar, en consonancia con las necesidades diversas de prevención, relativas a las viejas y descuidadas construcciones que se tienen aquí; formas de protección y evacuación de los lugares frecuentados masivamente por personas, como son los casos de las escuelas, los hospitales clínicas e iglesias, ; y en fin, todo cuanto se debe tener presente con relación al acontecer de esos súbitos fenómenos.

Algo muy digno de destacar con respecto a los mismos, y las situaciones de nerviosismo que crean es que, independientemente de los pronósticos que hacen los geólogos, y demás profesionales entendidos en la materia; la detección de las denominadas fallas tectónicas que puedan incidir en dichos eventos; la liberación de energías localizadas en el subsuelo, hacia el exterior, etc., que son de las causas principales, científicamente hablando, que se entiende los provoca, el grueso de la humanidad, sin importar la formación intelectual que se tenga, filosofía o preferencias religiosas, con regularidad asocia la presencia de ese tipo de fenómenos con la Voluntad de la Divinidad Suprema, en términos aleccionarios correctivos, procurando la reflexión humana, y la identificación sostenida con su verdadera esencia – espiritual -, tan marginada desde hace gran tiempo, hasta los actuales.

Además, se debe tener muy presente que, los movimientos telúricos de esa clase los relacionan de manera directa con las predicciones bíblicas consignadas en las Sagradas Escrituras, (véase: S. Mateo 24-7, y S. Lucas 7:11), respecto de la segunda venida de Cristo al planeta Tierra, y los cambios, como sucesos inesperados de momento necesarios, por lo que habrá de pasarse para esos tiempos, que se consideran, o se conciben estarían muy próximos al fin de la Era de Piscis, para dar paso a la Acuariana. Algunos estudiosos, osan decir que del mundo; pero, esa es una opinión de poco consenso. Según se conoce. “Jesús fue avatar de la Era de Piscis, y quien encarnó el Cristo que vino a instaurarla”.

Lo más lamentable es que, las lecciones de esa clase se asimilan momentáneamente; y, luego que pasan los temblores de tierra o los terremotos de consideración, la gente retorna sin reparo a los comportamientos impropios acostumbrados. La expansión de conciencia espiritual esperada no se produce, ya que las personas continúan recordándose de Cristo, cuando sienten un temblor, o cuando llega un ciclón solamente, como bien decía en uno de sus jocosos cantos, el extinto Milton Peláez.

Y, en el momento preciso, cuando se verifica la ocurrencia de esos fenómenos naturales, afloran de inmediato los deseos de pedir perdón, hincados muy de rodillas, dándose golpes en el pecho; y luego, con los brazos extendidos, pidiendo clemencia y ofreciendo promesas a las Alturas.

Claro, lo que muchos no alcanzar a ver es que, no obstante todas las medidas preventivas que se puedan tomar; y los arrepentimientos momentáneos de la gente, a raíz del miedo que le acosa, y ve todo en peligro, cuando en esos fenómenos naturales: movimientos sísmicos, terremotos, epidemias, ciclones, etc. intervenga la Voluntad real y efectiva del Gran Arquitecto del Universo, por la violación de los hombres a la leyes naturales por Él establecidas, con propósitos sólo de Su conocimiento, nada podrá evitar la ocurrencia; y mucho menos, los daños materiales y humanos que se puedan derivar. ¡No hay efecto sin causa!; y lo que se siembra es lo que siempre se recoge, de manera inexorable, a cualquier nivel que sea, personal, grupal o de nación. Eso nunca debe olvidarse.

Por ello, el ir sembrando lo que se debe, para recoger después lo merecido, es lo que procede; no los aspavientos y las actitudes seudos religiosas, cuando esos momentos de desesperación humana e impotencia se presentan de repente, en que nos damos cuenta de nuestra incapacidad físico-mental para resolverlo todo por sí solos, a cuya creencia contraria nos induce el falso ser que sutilmente siempre nos maneja – el ego humano -.

No hay que temblar con los temblores!, sino concienciarnos sobre nuestra verdadera esencia – espiritual -, y dejarlo todo a la Magna Voluntad Divina.