Maestro, aprende a ser feliz mientras enseñas

Por Carlos Luis Baron sábado 21 de julio, 2012

Una vez escribí un artículo que titulé “La Felicidad No Existe”, en él explicaba las razones.

Decía que si existiera la Felicidad, habría en algún lugar del mundo un mapa que indicara en donde estaba escondida.

Hoy vuelvo a insistir en el tema, pero aclaro de inicio que no existe para ir a buscarla como si se tratara de agua de un manantial o un cofre escondido.

Miles de millones de seres humanos buscan la felicidad y nadie, absolutamente nadie la ha encontrado.

Si se que soy categórico, pero sé que usted me dará la razón si sigue leyendo este escrito.

Sí, existen personas que han logrado ser o sentirse felices, y son muchas… ¿Y entonces…?

Bien…, no hay contradicción aunque en apariencia parezca. No existe la felicidad, pero se construye, se fabrica, se inventa.

No existe porque ninguna felicidad ajena (para partir de un supuesto) se compra, se transmite, o se roba. La felicidad que se intenta robar termina para el ladrón sino en un infierno, en su antesala.

La felicidad ajena a ti no te sirve, en consecuencia, ni intente comprarla, ni intente robarla.

La felicidad se fabrica en un rudimentario taller que se llama yo interior.

Ese taller que tiene herramientas diferentes en cada lugar; fabrica una especie única de felicidad que sólo sirve a él y a sus químicamente compatibles socios.

Otro taller podría robar la fórmula y también pudiere darle resultados parecidos, pero sólo puede llevarse la fórmula y nada más, sin la garantía que le dará igual resultado.

La clave esencial para ser feliz es, aprender a construir felicidad con los elementos que tenemos a mano, los tuyos, los míos, los de él, sean cuales sean.

Puedes construir felicidad, con la particularidad de que cuanto más sutiles y sencillos sean los elementos que uses, más grande y perfeccionado será el producto que obtendrás

Existe una frase que sentencia una verdad: uno no puede tener todo lo que quiere, pero con toda seguridad podría querer todo lo que tiene. Aun lo que parezca negativo podemos aprender a quererlo cuando le sacamos el lado amable ya que no hay nada que sea absolutamente malo o que no te deje algo positivo.

Los que estamos en el proceso de fabricar nuestra felicidad aprendemos a ver las cosas negativas que nos acontecen como sucesos aislado que dejan alguna lección positiva, como un paso necesario en la construcción; y eso es así aunque el suceso sea catastrófico, si no me crees a mi chequéate la última conferencia de Randy; la encuentras colgada en You Tube.

Quisiera poner como ejemplo la profesión u oficio de ser maestro. Un maestro puede repudiar su sueldo, su condición material de vida, la falta de consideración y aprecio de la sociedad y de las autoridades a su oficio o profesión, pero a pesar de todo eso, puede conseguir ser feliz mientras enseña si él se lo propone firmemente.

El maestro puede aprender a ser feliz mientras enseña. Parece una paradoja, pero si puede vencer esa resistencia que le genera el querer abandonar y abandonarse, puede ser feliz; si se empoderar de la esencia de la miel primera del panal, puede ser feliz.

Yo tengo autoridad y experiencia para afirmar lo que digo: a los 17 años ya estaba graduado de maestro en una escuela de felicidad llamada Félix E. Mejía, ahí me gradué de maestro y salí feliz y contento; auque dejé que los elementos superfluos conspiraran contra ella.

Le cogí miedo al sueldo y emigré al derecho a buscar cosas que no pude hallar. A la larga no he teniendo más remedio que “arrepentirme” de haber abandonado el magisterio, pero todo tiene remedio si la vida nos alcanza; por eso, volví por mi cuenta a las aulas de donde nunca debí haber salido. Pero reafirmó no hay nada absolutamente negativo que no tenga algo positivo. ¿Verdad?

¿Cómo he vuelto? He vuelto con charlas, talleres, seminarios y le digo una cosa… Cuando un estudiante, cuando un muchacho de esos me aborda y me dice: “profe, mi vida tiene dos partes antes y después de este seminario”, óigame amigo, lo que experimento en el corazón no tiene precio.

Hasta la próxima.