¿“Mamita llegó el obispo” o la envidia derramada?

Por Carlos Luis Baron viernes 13 de julio, 2012

Al leer el artículo, titulado “Mamita llegó el obispo” a la firma de uno de los mas viscerales “admiradores” de Leonel Fernández, nos encontramos ante un hombre que pese a poseer una excelente formación intelectual, no puede liberarse de los complejos que le acosan como una maldición eterna y menos puede, ocultar el odio que le brota desde lo más profundo, contra el muchacho de Villa Juana, que regaba en los medios las notas de prensa de su partido, cuando ya ellos eran figuras de las letras y cultas plumas de saber.

Perteneciente a la casta de los intelectuales que no han tenido el coraje de asumir compromiso de militancia para ayudar a construir el castillo de sus ideas, y que más bien se la han pasado buscándole el “ pero” a los aportes de quienes si han tenido el valor de correr el riesgo de cometer errores tras la consecución de sus ideales , es casi imposible que reconozcan los meritos de alguno de sus semejantes; pues en la patología en que viven, se creen poseedores únicos de la verdad , y de acuerdo con sus ínfulas de grandeza desmedidas solo a ellos debiera corresponder la gloria del éxito y por tanto todo quien lo alcanza, a ellos se los quitó.

Pusilánimes y nimios para encausar acciones que se alejen de sus eruditas plumas, suelen ofenderse si alguien osa cuestionar su honradez, aunque sea tan solo por curiosidad y es que, cual dioses bajados del Olimpo, solo a ellos está reservado el derecho a calificar conductas, honras y reputaciones.

Si por alguna razón preguntas, ¿Por qué son tan agrios hoy, cuando ayer fueron indulgentes ante acontecimientos de igual o peor dimensión al que ahora confieren magnitud de catástrofe?, tienes que haber consumido bastante pastas para aguantar su embestida.

Ninguno perdona a Leonel Fernández haber transcendido sobre una generación que en el ayer lo vio como un mandadero, siendo lo que más le duele, porque tampo consienten rubor al admitirlo, que este hombre de porte sencillo, de un carácter aparentemente dócil y apacible, con todos sus defectos y devaneos, puede encontrarse apenas a la mitad en su carrera de éxitos.

¡Mire que atribuir a Fernández “dictar conferencias sobre temas que no maneja”, es incurrir en un atrevimiento propio de quien padece delirio con meritos para ser ingresado de emergencia en el psiquiatra!

Lo sollozos de envidia que ante la figura de Leonel Fernández, emanan por boca y nariz, una parte de nuestra intelectualidad que después de algunos ajustes nos hacen llegar por la vía de sus letras y comentarios públicos, me vienen a confirmar cuánto hay de verdad en la expresión que con mucha gracia usa en sus merengues José Peña Suazo y que sentencia que “la envidia es la manera más sincera de demostrar admiración por alguien”.