“Más claridad, mayor amistad”

Por miércoles 2 de abril, 2008

La mayoría de nuestros dirigentes políticos, incluyendo a los presidentes de la República, se han caracterizado por decidir, proyectar, planificar y ejecutar decenas de obras y acciones oficiales/gubernamentales (algunas hasta millonarias) sin que las mismas estén debidamente apegadas a la transparencia y la claridad que debe primar en asuntos tan delicados, pues ni siquiera han tenido la cortesía y la delicadeza de informarlo a la nación como debería ser.

En nuestra nación acontece que nos venimos a enterar de muchos asuntos delicados, serios, bochornosos y hasta ilegales cuando los mismos ya tienen varios años de existencia, debido a que nuestros flamantes funcionarios son muy activos para las cosas pasivas, triviales y sin importancia y muy pasivos para las cosas activas que de verdad les interesan a los ciudadanos.

Es que este es el país en donde los gobernantes y sus séquitos se han caracterizado por rendir culto a la práctica política clandestina, la que consiste en hacer algunas cosas de espalda a la opinión pública sin que las mismas sean, ni por asomo, asuntos relacionados con la seguridad del Estado.

En los últimos períodos, es lo que observamos, nuestros gobernantes, con estas acciones, están instalando, creando o inaugurando un nuevo tipo de corrupción administrativa, al sustituir la apropiación simple y directa de recursos estatales para provecho personales y grupales, por proyectos, obras y acciones millonarias que aparentan ser legales, las que nunca son dadas a conocer, pero que el fondo “terminan resultando” ser demasiado sospechosas, dudosas y hasta corruptas por la parafernalia clandestina que les rodean.

“Entre mayor claridad, mejor amistad” dice el viejo y sabio refrán, en el entendido de que cuando prima la transparencia y la claridad en los negocios y asuntos sociales, entonces las relaciones, vivencia y convivencia entre los seres humanos se hace más efectiva, más profunda, más honrada, más fuerte, más honesta y más sincera.

Sería una pura utopía pretender que los funcionarios públicos sean todos perfectamente íntegros, honrados, justos, honestos y transparentes en sus actuaciones privadas y públicas, pero sí deberían entender y comprender que es necesario dar a conocer a toda la nación los asuntos y obras estatales importantes en las que están envueltas sumas millonarias de dinero, porque de no darlas a conocer como es debido, entonces los miembros de la sociedad podríamos entender que estamos delante de asuntos o acciones corruptas.

Nuestros gobernantes deben parar esta nueva práctica clandestina y deshonesta, recordando que los fondos y recursos que manejan y administran son públicos, o sea, de todos los ciudadanos y que no tienen potestad, ni derecho ni facultad para autorizar la ejecución de acciones gubernamentales millonarias a escondida y a espalda a toda la nación.

Recuerde, señor presidente, que “entre mayor claridad, mejor amistad”.