Mi amigo César Medina

Por Carlos Luis Baron sábado 28 de julio, 2012

No me gusta incursionar en pleitos ajenos, y mucho menos caer, me libre Dios, en responderle a genios o semi-dioses de muchas virtudes de los que abundan por estos lados.

No puedo a esta edad y en este crucial instante de mi vida, creer en poses y desechar actitudes que no hacen diferencia pero si proclaman y demuestran que las cosas no son como aparentan y a veces son no el resultado de una realidad sino de una circunstancia por lo tanto no obedecen en modo alguno ni a la realidad ni al pensar de quien la proclama o demuestra.

Conocí siendo muy joven a Cesar Medina en la redacción de Ultima Hora en la 19 de marzo bajo la jefatura de mi inolvidable Gergorio García Castro quien me llevo y me dejo casi formado a este ejercicio de escribir basado solamente en lo que uno piensa y cree, jamás en lo que le dicten o le marquen quienes llegan a ser por vía de la falta de valores en una sociedad que día a día enaltece lo que no debe y asesina lo que debe enaltecer.

Medina el periodista, el muchacho de San Cristóbal, el amigo franco y solidario, que escribe y lo hace bien que ha leído y lo ha hecho sin aspaviento que no es Semi-Dios de nada, ni está en concubinato con lo secreto no está como otros libre de pecados, pero no ha cometido ni los mayores ni los más aberrantes.

Yo se que Cesar Medina no necesita de mi ni de mi pobre pluma para defenderse, pero hace días que vengo viendo, oyendo y leyendo cosas contra el que creo que van dirigidas a Leonel, a quien nada le agradezco ni desde el poder ni desde fuera, ni siquiera una pensión pedida durante cuatro días del periodista y negada, pero al que no admito, como no admito a Cesar lleno de tanta maldad o de tanto disimulo negador de las virtudes, cegador de la luz y envidioso del saber y del hacer ajeno.

Siempre he sido su amigo, y él ha sido un gran amigo, no me he beneficiado de su cercanía con el poder y él lo sabe y muchos lo van a dar como un hecho, me importa lo que piensen o digan, no estoy por encima de nada ni de nadie, pero me resbala la ingratitud y el servilismo de algunos que tienen el malvado propósito de enaltecer lo que no sirve y denigrar lo que es evidentemente parecido a la luz que por más que quiera taparse se cuela siempre y hace claro lo que es oscuro, y deja a la vista los rincones llenos de basura que dejan sin barrer los que moralizan desde su tribuna, como si solamente ellos son dueños del derecho a admirar, querer y respaldar un hombre o una obra de gobierno, porque ellos tienen la verdad absoluta en su decir y actuar.

Qué pena!