Miedo a Trujillo

Por Carlos Luis Baron miércoles 12 de diciembre, 2012

Trujillo no fue un aborto de la naturaleza. No fue el deseo unipersonal, el capricho de un hombre de ser dictador. Trujillo, por coyunturas generacionales, le tocó subirse a las olas de los segmentos sociales que reclamaban un cambio, mientras por designios de los nuevos tiempos, la montonera y los generales de fuerte azul, quedaban fuera de época.

Trujillo murió físicamente el 30 de mayo de 1961, pero el espíritu de su regimen se enquistó en la sociedad dominicana y sigue vivo hoy. Lo determinante con Trujillo no es que se le ponga etiqueta de vive el trujillismo, o que el tremendismo de sus familiares quieran mantener viva su memoria, sino que sus métodos nunca fueron exterminados.

Con el borrón y cuenta nueva, Trujillo revivió en la sociedad dominicana. Sus seguidores, de pies descalzos o intelectuales, se metieron de lleno en el principal partido de la época, que era el Revolucionario dominicano.

Fueron rechazados por la Unión Civica Nacional y por el Catorce de Junio, pero se pudieron reciclar en el PRD. Sin ese borrón y cuenta nueva, Juan Bosch no hubiera llegado a la Presidencia de la República.

Fueron las fuerzas sociales que estuvieron al lado de Trujillo, y ahora a la desbandada, que se acogieron al borrón y cuenta nueva, y propiciaron el renacer de otras confluencias políticas.

La historia dominicana, sin el renacer de los grupos vivos leales a Trujillo, hubiera tomado otro derrotero. Fueron segmentos de esas fuerzas que auparon al nuevo Gobierno Constitucional, pero también fueron culpables de su derrocamiento.

Sin embargo, fue ese ejército trujillista, que no había adjurado del pensamiento de su jefe, que dio el primer paso en defensa de la Constitucionalidad sin elecciones, y del cual eran sus más pestrantes representantes Rafael Fernández Domínguez y Francís Caamaño.

Al comienzo de la revolución, no se había producido ningún pensamiento de mea-culpa de Fernández Domínguez o Francis Caamaño, en torno a su pasado trujillista, o como miembros de los círculos selectos del régimen.

Pero los hombres actúan por confluencias sociales, por sus circunstancias, como dijo Hortega y Gasset, las coyunturas de los leninistas, y con el fusil en las manos rompieron con su pasado y se eternizaron en la historia como representantes del hombre nuevo, cuando llevaron sobre sus hombros la revolucion de abril, en defensa de la constitucionalidad.

Las ideas se combaten con las ideas. El plantear defensas del régimen de Trujillo, no pasa de un tremendismo sin importancia de sus familiares cercanos. El trujillismo no existe en el país, lo que hay son los métodos, la acción y el devenir de praxis sociales del regimen, que nunca ha sido exterminado.

La debilidad institucional de ayer produjo el regimen de Trujillo. Los 31 años no fueron una responsabilidad total de Trujillo, sino que las fuerzas sociales a la desbandada le ofrendaron su libertad a cambio de tranquilidad.

El magnicidio no elimina el corazón de un régimen, sino que lo eterniza de por siempre, enquistado con nuevas caras, nueva sangre y nuevos nervios. El trujillismo desapareció el 30 de Mayo, pero los métodos trujillistas están presentes y son determinantes en la sociedad dominicana de hoy.