Mientras uno siembra, el otro desorienta

Por Carlos Luis Baron domingo 13 de mayo, 2012

Mientras el candidato del Partido de la Liberación Dominicana y sus fuerzas aliadas, recorre el país sembrando esperanzas y soluciones para los diferentes escollos que prevalecen en cada región; el candidato de la oposición, el del PRD-PPH, toma el escenario para denunciar, injuriar, y pronosticar esa rechazada actitud de “si no soy yo entrará el mar”.

Mientras Danilo Medina, va sonriente y confiado en su victoria, dejando en el ánimo de los electores y de todo aquel quiere verlo, una encendida llama de optimismo y confianza en el futuro; Hipólito y su pobre discurso ensombrecen los medios, dejando la percepción de que quiero llegar pero no tengo ninguna solución posible; y algo peor, lo que me han escrito no lo he leído y no sé cómo hablar de ello.

Danilo enardece las multitudes, dejando en su ánimo una alta valoración del futuro del país; Hipólito lo pinta todo de negro, disuadiendo las buenas expectativas de un futuro gobierno, y con ello enfurece a sus acólitos; los cuales en adelante serán entes de disociación, agresión y violencia como lo han venido demostrando en diferentes puntos del país.

Mientras Danilo plantea un plan de gobierno que atenderá y desarrollará puntos cardinales de la vida de nuestra Nación, como educación, salud, turismo, agricultura y mediana y pequeña empresa; Hipólito pronuncia estas palabras con un contenido vacío, sin darle sustancia a plan alguno; siguiendo una estrategia de campaña que le aconseja no profundizar en los temas por temor a errar.

Mientras Danilo plantea una estrategia nacional de consenso con todos los sectores de la Nación; Hipólito Mejía demuestra que sigue siendo el mismo disociador, que aleja las posibilidades de unidad nacional; comenzando con las agresiones en su propio partido, al que no ha podido unir, y siguiendo con las denostaciones de sectores de la vida nacional que no le favorecen; sino dígame usted, porque llamar a los santiagueros oportunistas y arribistas.

Este próximo domingo, la democracia dominicana se engrandece en una más de sus citas con la historia; evidentemente dos opciones estarán en la mesa: de un lado Hipólito Mejía, osco, acompañado de una oscura corte, recordando un deleznable pasado, y sin propuestas; de otro lado, un Danilo Medina sonriente, brillante, optimista, con todas las propuestas y repuestas a flor de labio; y con toda la seguridad de que ganará dos veces; ganará las elecciones del 20 de mayo, y además ganará un futuro luminoso y promisorio para el pueblo dominicano.