Ministros y programas

Por Carlos Luis Baron miércoles 25 de julio, 2012

Hay dos cosas a las cuales no les doy gran importancia. Los programas de Gobierno de los partidos políticos, y los hombres y mujeres que integran el gabinete. Los programas de los partidos son parte del accionar político, es una visión de lo que se va a realizar luego de estar en el Palacio, pero todo está supeditado a la coyuntura social.

Un programa de gobierno es una promesa, que se puede convertir en realidad o seguir en la ficción, de acuerdo a las circunstancias que se tengan que amasar desde el Palacio Nacional. El arte de gobernar es poder lidiar con diferentes sectores, de saber contemporizar, de concertación y de atar cabos.

Cuando no se cumple con ese protocolo, entonces hay que llegar al Palacio en medio de una revolución, donde hablan los tiros y el paredón de fusilamiento. Es un gobierno de una sóla clase, donde se va a imponer el olor de polvora.

El programa de gobierno tiene que contar, para llevarse a cabo, con el apoyo de sectores determinantes, en un momento dado del accionar político y social.

La estruturación de un programa de gobierno se puede hacer con la mejor buena fe del mundo, pero ello no es garantía de que se podrá implementar. Lo que si se da en un gobierno progresista es una acción de equidad, tomando en cuenta las necedidades de la mayoría, de los hambreados, de los que todavía tienen esperanzas.

El mejor programa que puede desarrollar un gobierno, fuera o no promesa electoral, es que los pobres, la hez de la sociedad, pueda estudiar, tener alimentación, asistencia médica, trabajo, facilidades para los pequeños negocios y tierra para los campesinos.

En cuanto a los hombres del gabinete, lo considero una accion secundaria. Lo importante es la visión del Presidente en torno a la economía, la seguridad pública, la salud, la educación, la asistencia social..

Ningun miembro del gabinete tiene autonomía para hacer lo que le venga en gana. La línea central la traza el Presidente de la República. Cada ministro hace el trabajo del día a dia, y desde luego que en base a su preparación académica e intelectual, presentará su propio sello del trabajo de escritorio o de campo.

Si un ministro trabaja a la libre, llevando a cabo sus propias acciones, fuera de la línea trazada por el Presidente de la República, entonces se caería en la anarquía.

Como ministros hay que escoger a profesionales serios, con atributos académicos en sus respetivas ramas, y que tengan la capacidad para ejecutar el trabajo día a día.

Pero la sociedad civil y los busca-empleos dan importancia a los nombres que van a ocupar sillones de escritorios, porque es su oportunidad de conseguir un empleo, facilidades para hacer negocios, o sencillamente, para tener un amigo en un cargo.

Lo que tenemos seguro todos los dominicanos es que el Presidente, el actual y el que viene, tiene la capacidad, la visión y el deseo de motorizar la administración pública, para avanzar en el desarrollo nacional.