Muchos ciudadanos, ayer luchadores preocupados, han tirado hoy la toalla

Por Carlos Luis Baron miércoles 5 de diciembre, 2012

¡Es ésa una gran percepción!, que de ordinario se recoge en una parte del seno de la sociedad nacional. “A observar la nave que naufraga, desde la costa, y dejarla que se siga hundiendo”, es la opinión un tanto generalizada entre muchos dominicanos, que han perdido la esperanza ya, en cuanto a la que la misma se pueda rescatar, bajo el actual esquema económico desfasado por completo – neoliberalismo -, como el político-social que rigen en el país.

Se alega que, mientras la República – el “barco” de todos -, esté en manos de personas desaprensivas, alienadas muchas de ellas, provenientes de los diversos sectores aquí; se respire corrupción por doquier, y prosiga reinando la impunidad; al igual que, la delincuencia y la criminalidad estén arropando la nación, muy poco es lo que se puede hacer en su favor.

Pero además, que el suelo patrio se continúe enajenando sin reparo alguno; se siga hipotecando el país, a través del endeudamiento con el exterior, y que sean los prestamistas de ultramar los mayores mandantes en nuestros asuntos económicos, entre otras cosas, hacen que menos valga la pena, el que los hombres pensantes con los que aún puede contar la nación, se inclinen por encaminar las acciones reivindicativas que ya se imponen. ¡Prefieren observar desde lejos, y nada más!

Aducen que, es nuestra juventud presente, la que más preocupada debe estar, por el legado que se le está dejando, mientras sus miembros siguen entretenidos, sólo pensando en los indecorosos ritmos musicales modernos, y la ostentosidad tecnológica a que se les induce, deliberadamente, para mejor manejarles.

Bastante negro y escabroso es el futuro que les espera a los jóvenes dominicanos, de no despertar del sueño en que se les ha sumido, a través del consumo de estupefacientes facilitado, como de esa dañosa penetración cultural que se asimila, más recurrente cada vez.

Aunque parezca una actitud displicente, de parte de los que así se expresan – los espectadores silentes -, es obvio que, les sobran razones para no querer continuar arando en el desierto, cuando los que deben sembrar hoy para recoger mañana, no les está preocupando identificar, y reforestar esta tierra, con árboles que puedan dar buenos frutos después.

Siguen detrás de las mismas “yerbas” contaminadas y perversas, que han venido subyugando a la sociedad nacional durante los últimos lustros. Impera la inconsciencia en todos los órdenes, ¡innegable esa realidad!

¡Muy lamentable!, es el escenario que en tal sentido se observa hoy en la República Dominicana, con fehacientes nuncios de marcados empeoramientos a corto plazo.

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