Mujer iraquí relata cómo fue torturada por la Policía de Sadam

Por martes 6 de diciembre, 2005

Bagdad, 6 dic (EFE).- Una mujer iraquí, identificada solo como "testigo A" y protegida por una tupida tela, relató hoy, martes, durante la quinta sesión del juicio contra Sadam Husein como fue torturada en 1982 por la Policía del ex presidente.

En un estremecedor relato, la mujer denunció que había sido detenida hace 23 años tras el intento de asesinato del derrocado dictador en la aldea de Dujail y encerrada en una celda donde fue golpeada y recibió descargas eléctricas.

"Fui obligada a desnudarme. Después, levantaron mis piernas, me ataron las manos, me golpearon con cables y después me dieron descargas eléctricas", explicó.

Según la testigo, fue encerrada durante días en una estancia roja en la que no entraba la luz natural.

"Fui tirada a una habitación roja. No había luz. Todo era rojo. La luz era roja. Todo era rojo", insistió.

"Pusimos los zapatos como almohada, y la puerta se cerró. A través de una pequeña ventana nos daban algunos pedazos de pan. Pero después de tanta tortura ¿creen que tenía ganas de comer?", aseguró la invisible testigo.

La mujer indicó que su presidio fue muy largo y que durante el mismo conoció las torturas de otros miembros de su propia familia, incluso de un allegado que era sordomudo.

"En verano nos daban agua hirviendo para beber, y en el invierno congelada. Teníamos piojos en la cabeza, en todos lados. No teníamos zapatos, debíamos andar descalzos. Usábamos un cartón como calzado para ir al baño", indicó.

"Uno de mis familiares era sordomudo. Fue apresado delante de su mujer, le sujetaron el pene y se mofaron de él. La mujer y los niños se pusieron a llorar", agregó.

La sucesión de horrores alcanzó uno de sus momentos más duros cuando relató como le negaron la asistencia de una matrona a una mujer que estaba a punto de dar a luz y como el feto quedó atrapado entre sus piernas.

"Vi un asno y le envidié porque era libre. Los animales eran libres pero nosotros éramos trasladados de un prisión a otra", afirmó.

"Por un largo periodo de tiempo, no nos dieron ningún tipo de comida. Solíamos remover la basura en busca de mendrugos. Una de las mujeres gritó: es mejor morir que vivir así", indicó.

"Mi juventud fue destruida. Mis amigos eran profesores y médicos, tenían carreras, pero yo simplemente era un ama de casa", apostilló la mujer.

Sadam Husein escuchó con atención todo el testimonio y volvió a denunciar "el teatro escenificado por Estados Unidos" que es para él todo el proceso.

Tras la tormentosa vista del lunes, donde se cruzaron acusaciones de todo tipo, el derrocado presidente volvió a entrar en la sala con el ánimo desafiante y un burlesco "buenos días a todos aquellos que respetan la ley".

"He sido condenado a muerte tres veces. Esta no es la primera", dijo Sadam en alusión al tribunal que le juzgó en ausencia y le sentenció a la pena máxima en 1959 por su presunta participación en un intento de asesinato del entonces presidente de Irak, Abdel Karim Qasem.

"Incluso si me envían al infierno, Dios sabrá perdonarme. Dejadles que me coloquen en la pira en la que querían quemar a Abraham y diré: Bien, que sea en honor a Irak. Y no lloraré, porque mi corazón está pleno de fe", indicó.

El dictador derrocado denunció después que todo el juicio es un complot de "Estados Unidos e Israel, que desean ver ejecutado a Sadam Husein".

La vista, la cuarta desde que el juicio arrancara el pasado 19 de octubre, fue aplazada hasta mañana, miércoles.

Sadam y sus siete antiguos colaboradores -entre ellos el ex vicepresidente Taha Yasin Ramadán y el hermanastro del tirano Barzan al Tikriti- son juzgados por el asesinato de 148 personas en la localidad de Dujail, de mayoría chií.

El lunes, Ahmad Hasan al Dujaili, de 38 años, se convirtió en el segundo testigo en declarar contra los ocho acusados y el primero en afirmar que había presenciado torturas, violaciones y asesinatos en 1982.

Su testimonió quedó reforzado por otro ofrecido después por Yuad Abdelaziz, quien también relató casos de tortura y asesinatos cometidos a principios de los años ochenta. EFE