Muro fronterizo para separar a México de EEUU sería el más largo del mundo

Por domingo 25 de diciembre, 2005

Washington, 25 dic (EFE).- El canciller de México, Luis Ernesto Derbez, comunicará esta semana al gobierno de EEUU el rechazo de su país a la propuesta de construir el que parece que sería el mayor muro fronterizo del mundo, con una longitud de 1.100 kilómetros. La iniciativa ha empeorado las de por sí delicadas relaciones entre EEUU y México, que pretende reclutar a Colombia, la República Dominicana y los países de Centroamérica en su campaña en contra de la iniciativa, según ha dicho el propio Derbez, que vendrá esta semana a Washington.

Guatemala y Venezuela también han protestado ya por este proyecto, que según sus críticos, en lugar de parar la entrada ilegal desde México, sólo la haría más peligrosa.

La construcción de la barrera fue aprobada por 260 a favor y 159 en contra como una enmienda a la ley de inmigración que pasó el 16 de diciembre en la Cámara de Representantes.

Para que entre en vigor, debe recibir el visto bueno del Senado, donde sus partidarios creen tener suficiente respaldo.

"A nadie en el Senado parece irritarle" la idea, dijo a EFE John Keeley, director de comunicaciones del Centro de Estudios de Inmigración, una organización que promueve la restricción de la entrada de extranjeros a EEUU. "La idea es muy nueva y ha recibido un apoyo sorprendente", añadió.

Si se concreta, el muro fronterizo parece que será el más largo del mundo, dado que el que construye Israel para separarse de los territorios ocupados tendrá unos 700 kilómetros cuando se complete.

Como en ese caso, la semántica es importante. En EEUU se insiste en llamarla "barrera" o "cerca", mientras que en México la denominan "muro", en clara alusión al que dividió a Berlín hasta 1989.

"Este muro es una vergüenza", dijo el presidente de EEUU, Vicente Fox, el 16 de diciembre en una intervención en Guanajuato.

El proyecto prevé cubrir 1.100 kilómetros de los más de 3.000 que tiene la frontera común de ambos países con una estructura doble que contará con detectores de movimiento e iluminación nocturna.

Actualmente, sólo existe una instalación así en una decena de kilómetros en algunos centros urbanos, incluido San Diego (California).

Se calcula que costará cerca de un millón de dólares el kilómetro, lo que colocaría la factura total en algo más de 1.000 millones de dólares, en una obra que tardará "un par de años", de acuerdo a Keeley.

Pero para los grupos de defensa de los inmigrantes, la estructura no detendrá la entrada ilegal, sino que "empujará a la gente a áreas más inhóspitas", según dijo a EFE Lisa Haugaard, directora ejecutiva de la asociación "Grupo de Trabajo Latinoamericano".

Las muertes en la frontera han aumentado en los últimos años porque el incremento de la vigilancia en los centros urbanos ha obligado a los inmigrantes probar suerte por el desierto o intentar cruzar a nado el traicionero Río Bravo o los canales de la zona.

En el año fiscal 2005 -que finalizó el pasado 30 de septiembre- 460 inmigrantes perecieron en el intento, lo que superó con creces el récord de 383 del año fiscal 2000, según la Patrulla Fronteriza.

"La gente debe tener una forma legal de cruzar y de satisfacer las necesidades de trabajo aquí", dijo Haugaard. El proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes se limita a endurecer las medidas contra la entrada ilegal.

Sin embargo, el líder del Senado, el republicano Bill Frist, ha indicado que quiere que la versión de la ley que debatirá esa cámara en febrero incluya algún tipo de programa de regularización temporal de los trabajadores indocumentados, una idea promovida por el presidente de EEUU, George W. Bush.

La barrera fronteriza también tendría efectos medioambientales. Para Jenny Neeley, representante de la asociación "Defensores de la Vida Salvaje" en Tucson (Arizona), "la propuesta sería devastadora".

Neeley dijo a EFE que impediría el tránsito de jaguares, lobos mexicanos y búhos pigmeo, que necesitan un hábitat grande para sobrevivir en las áreas desérticas.

Pero a juzgar por su ausencia en el debate de inmigración en la Cámara Baja, los problemas del entorno natural no están en la mente de los legisladores de EEUU, quienes sí tienen la vista puesta en ganar el voto conservador en los comicios legislativos del próximo noviembre, según los expertos.