Narcotráfico en Centroamérica y el Caribe       

Por Carlos Luis Baron jueves 5 de enero, 2012

Deben tomarse muy en cuenta las palabras de la Dra.  Laura Chinchilla, Presidenta de Costa Rica, quien manifestó que Centroamérica va perdiendo la batalla contra el narcotráfico.    

Estas afirmaciones, de por sí inquietantes, son reveladoras y demuestran el alto grado de infiltración que tiene la ruin industria de las drogas en la región centroamericana, magnífica en valores humanos y atractivos naturales pero también –y esto es lo preocupante- invadida por factores adversos muy serios, como la delincuencia transnacional organizada que se aprovecha del crecido número de pobres (70% y 18 en la miseria), para convertirles en carnadas de la mafia, cuando éstos no tienen la entereza moral para decir no a los cantos de sirena que presentan los mafiosos  y que, en realidad, son elementos para hundirles más en la desesperanza, ya que les inducen a perpetrar uno de los delitos más execrables, por lo que pagan años de prisión cuando la justicia les descubre, y hasta la vida misma, cuando son el blanco de las mortales venganzas de los mafiosos.                            

El narcotráfico ha llegado a penetrar tan profundamente que se ha convertido en la mayor amenaza para la paz, lo que ha transformado a América Central  en la región más violenta del mundo después del Medio Oriente, ha dicho Francisco Bautista Lara, ex jefe de Policía de Nicaragua y experto en estos temas.                              

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNOC) precisa que es en El Salvador y Honduras donde se cometen el mayor número de homicidios, señalando a la zona del triángulo conformado por estos dos países y Guatemala como de máximo peligro. A más de este indicador, se tiene que tomar muy en cuenta la muy conocida impunidad, en razón de que los narcos si no dan la bala de plomo entregan la de oro.                               

El Caribe, con excepcionales paisajes y gente buena y alegre, sufre esta feroz arremetida. Los narcotraficantes han puesto sus miras especialmente en República Dominicana y Jamaica.                                 

Las autoridades cumplen su trabajo y aprehenden considerables cantidades de droga y a personas que se han involucrado en este bajo y oscuro negocio; no obstante, se calcula que, por latitudes centroamericanas y caribeñas, cruzan anualmente más de mil toneladas de cocaína que no son detectadas.                                   

El estupefaciente es cultivado (coca) y elaborado en Colombia, Perú y Bolivia; por la acción de malandrines, singularmente colombianos y mexicanos, es transportado a los grandes centros de consumo, por tanto Centroamérica y el Caribe se hallan en la ruta obligada por la que llevan las prohibidas sustancias que generan, a  su vez, otros males, no únicamente a los consumidores, sino a sus familias y a la sociedad toda.                                      

Los mafiosos poseen inmensas cantidades de dinero sucio, lo que les facilita sobornar a jueces y policías que se prestan a ello, a la vez que compran avanzada tecnología de punta y hasta construyen submarinos, mientras que los países latinoamericanos tienen hondas deficiencias económicas y tecnológicas. Por todas estas consideraciones, debemos insistir en lo imprescindible de la recíproca, frontal y permanente, ayuda internacional para combatir y vencer a este flagelo del siglo XXI, cuya naturaleza es transnacional y corrosiva al máximo.