No confundan decencia con debilidad

Por Carlos Luis Baron jueves 7 de junio, 2012

Crecí en Buenos Aires de Herrera, una comunidad conformada por gente pobre, una buena parte emigrantes de zonas rurales, llegaron a la capital post la Guerra de Abril de 1965, muchas de las cuales se establecieron en viejas casonas de Gazcue que habían sido ocupadas por la familia Trujillo o por colaboradores de la dictadura.

En mi barrio conocí a un muchacho que llego desde San José de las Matas, allá por el año 1980, de nombre Nicanor Bueno, era sastre y hacia todo tipo de prendas de vestir con alta calidad, él me enseño que la ropas estampadas, de cuatros o a rayas que no caen en las costuras o bolsillos, no tienen valor comercial porque les falta calidad y en la mayoría de los casos la ropa con estos defectos hace que los cuerpos luzcan distorsionados.

Nicanor era muy apacible y nunca le vi responder un insulto, ni siquiera con los clientes más groseros y abusivos. Siempre tranquilo y reflexivo. Abría su sastrería bien temprano y generalmente se quedaba hasta pasada las diez de la noche, sino cortando o cociendo alguna pieza, limpiando el espacio, organizando las ropas y telas o reparando las maquinas. Era un trabajador incansable, decente, prudente y calmado. Una verdadera masa de pan calientito.

Recuerdo que una tarde Marcos Zarzuela un joven de contextura física fuerte, trato de golpear a Nicanor, lo tomó del brazo jalándolo sobre si, de manera que este cayó de cabeza en medio de la sastrería y desde el suelo todo adolorido vio a Nicanor en guardia a la espera otra posible embestida, lo cual no le fue posible, ya que tenía cuatro costillas rotas.

Al preguntarle donde aprendió esas habilidades para disponer con tanta facilidad de un hombre tres o cuatro veces más fuerte, me respondió con la misma parsimonia de siempre: nunca confundas decencia con debilidad, que una cosa no tiene nada que ver con la otra y difícilmente anden juntas.

Es lo que puede haber sucedido durante las pasadas elecciones a una oposición que se creyó gobierno y que amparada en un coro mediático trató de imponer como verdades sus mentiras.

Pasados los comicios, sueñan colocar al gobierno de rodillas acudiendo a bravuconas amenazas ejecutadas con carabinas sin agujas de percusión, confundiendo la actitud tolerante del presidente de turno y el llamado a la concordia del presidente electo con debilidad.

Danilo Medina ha prometido encabezar un gobierno donde el rasero será el cumplimiento de la ley, y recuerdo que en el encuentro con FINJUS, solicitó a sus amigos: “no me pidan que violente la ley cuando el imperio de esta no les convenga “. Lo anterior deja claro que en el gobierno de Danilo la ley será la que garantice los derechos y obligue a los deberes, en el entendido de que si la va a aplicar con rigor a sus amigos, parientes y colaborados, mal podrían pensar sus adversarios que se le pasaran transgresiones bajo el pretexto de que después no digan.

Eso de estar amenazando con que se alteraría la paz social si la justicia adopta una decisión que no resulte simpática a tal o cual sector de la economía o la política, es algo que tienen que sacar de sus planes, pues a ese tipo de actitudes le ha llegado su fin.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.