No fomentar el delinquir, ¡sí!

Por Carlos Luis Baron miércoles 14 de noviembre, 2012

¡Matar a alguien no, ni de arriba ni de abajo! Lo que sí procede que se haga es, buscar y combatir con férrea voluntad, las causas sembradas que provocan el delinquir a nivel de toda la sociedad dominicana.

Es por ahí por donde se debe ir, procurando poner el frente y castigar de manera severa los malos ejemplos, provengan de donde sea, incluyendo a las altas esferas políticas y empresariales nuestras, cuando en ellos incurran.

Los enjuiciamientos y castigos a la corrupción estatal rampante, es algo que ya se impone con urgencia en este país. La impunidad no puede seguir reinando en el mismo. Tampoco, esa lenidad que se verifica con respecto al narcotráfico y el consumo de drogas. El auge vertiginoso de ese gran negocio, en el que tantos aquí intervienen, tiene que se controlado a como dé lugar.

Evidentemente, la delincuencia generalizada, prácticamente, que viene acosando a la sociedad dominicana es una realidad innegable. Es un flagelo a combatir por todos los flancos posibles. Ahora, para ello es evidente que, se tienen a las manos de las autoridades competentes, o se dispone de un sinnúmero de alternativas posibles, siempre y cuando haya voluntad, que conducirían hacia las enmiendas procedentes, sin la necesidad de tener que matar a ninguna persona en particular. ¡Nadie sobre esta Tierra, tiene derecho a quitarle la vida a nadie, ni siquiera a un animal indefenso!

El tema viene a colación, a raíz de un articulo que publicara el señor Gerson de la Rosa, en el medio digital El Nuevo Diario, intitulado Matemos a los delincuentes, con un contenido de alta significación no cabe duda, y repleto de verdades mondas y lirondas, como se ordinario se dice en el marco del argot jurídico; pero, en el que incluye una consideración que se podría apreciar como inductiva no apropiada, debido a lo cual, con el mayor respeto le diríamos que, para procurar enmendar la situación tan deleznable que nos ocupa, ¡no hay que matar a nadie!, pertenezca a la clase social, o política, que sea.

Lo que sí resultaría pertinente, es el tratar de motivar a la población para que se incline por concienciarse, en cuanto a la escogencia de sus autoridades más representativas; que sean de ésas que están en capacidad y disposición de promover acciones reales que puedan ir dando al traste, en relación con todas las actitudes delincuenciales que en esta nación se registran, empezando por las que se originan en las altas instancias políticas gobernantes, y sus entornos económicos patrocinadores, con el agravante del antinacionalismo por demás, que son los que en el fondo vienen motivando el delinquir de los de abajo, clase hacia la cual sólo se suele mirar, y querer corregir, como bien en parte lo señala en su trabajo el señor Gerson de la Rosa.

Una máxima sociológica que muy bien aplicaría en el caso de la República Dominicana, es aquella que reza: Los países tienen los gobiernos que se merecen. ¡Ellos son quienes los eligen, y de ahí proviene todo!

Tales cuales sean las elecciones que se hagan, serán las respuestas generalizadas a recibir. Por tanto, aquellos mismos son los más llamados a reconsiderar sus decisiones desafortunadas, y procurar desplazar después del poder, a todos ésos que no les resulten convenientes; que no procedan como debe ser; que incumplan sus promesas electorales. Pero, ¡sin tener que matar a nadie!, reiteramos, sea cual sea el propósito o razón que se alegue.

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