¡No pacto de civilidad!; lo que se impone es el raciocinio, y la objetividad patriótica plena entre los políticos dominicanos

Por Carlos Luis Baron jueves 22 de marzo, 2012

Según una reseña periodística que aparece publicada en la prensa local, el Cardenal López Rodríguez, y el dialogador por excelencia, monseñor Agripino Núñez Collado, se aprestan a la redacción de un denominado “pacto de civilidad”, para someterlo luego a la consideración y aceptación de los partidos políticos que participan en presente proceso electoral, en términos de los detalles incluidos en el mismo, a los fines de procurar después, su posterior rúbrica.

Evidentemente, la iniciativa es valerosísima, en cuanto a la intención, ya que mediante el mismo se persigue, “bajarle el tono agresivo a la campaña y evitar a toda costa que en su tramo final se registren actos violentos”. Claro, se está partiendo de los comportamientos que observan, tanto una parte del oficialismo, como de la oposición, matizados con dimes y diretes inapropiados, como de acusaciones reciprocas, en tonos que lucen muy pocos adecuados, y hasta deleznables en ocasiones.

Ahora, la gran pregunta que cualquier pensante se haría es, ¿se va a resolver gran cosa con la firma de un simple papel, auspiciada por altos representantes de la Iglesia Católica en el país? La más probable es que, muy poco o nada se logre en realidad, dada la forma de hacer política en la República Dominicana, actividad considerada hoy como una inversión, más que otra cosa, en la búsqueda de jugosos beneficios personales; un comercio público descarado, pincelado con el transfuguismo y el arribismo que se verifican; y que, hacen que los enemigos o contrarios se estrechen las manos transitoriamente, o se den un caluroso abrazo, para aunar esfuerzos en pos de sus propósitos mutuos.

Ese denominado “pacto de civilidad” de seguro se va a convertir en letras muertas, tal como ha pasado en ocasiones anteriores, en que se ha firmado algo similar, y luego se ha irrespetado por completo. Siempre, lo que ha primado aquí en las contiendas electorales son los intereses grupales que rigen, y es un función de ellos es que se procede, sin importan medios a utilizar, dejándose de lado el raciocinio humano necesario. Se apela a lo que sea. Ya eso lo hemos visto en innumeras ocasiones.

Debido a esa razón, de la falta de ética-moral exhibida por los políticos de nuevo cuño, unida a las tantas promesas falsas, demagogias y retóricas a que recurren, es que ya en este país son muy contados lo ciudadanos que en ellos creen; la gran mayoría de esos, por ignorancia o falta de capacidad pensante.

En esta nación va a llegar un momento en que, para que los políticos puedan recobrar la credibilidad, van a tener que comenzar a demostrar antes de su elección, sosiego, cordura y la demás actitudes mentales necesarias, para poder enfrentar los problemas nacionales, como tomar las altas decisiones patrióticas que se requieran. Lo que en realidad son capaces de hacer después; evidenciar sus verdaderas aptitudes e intenciones; al igual que, un nacionalismo predominante. Sólo de esa forma podrán inducir al electorado a favorecerles con el voto.

Ahora mismo, por ejemplo, en que están compitiendo los dos principales partidos del ruedo político nacional, por la candidatura presidencial, representados a su vez a nivel de los gobiernos municipales presentes, una muestra valedera por parte de cada uno de ellos sería: el que sus alcaldes comiencen a promover las iniciativas que luego continuarían alentando sus candidatos desde el Poder Ejecutivo, en favor del ordenamiento y la pulcritud de sus respectivas jurisdicciones. Comenzar a sanear desde la campaña todo cuanto se deba, y de enmendar muchas situaciones desagradables y deprimentes que vienen afectando sobremanera a la sociedad dominicana.

Antes del día de las elecciones venideras, procedería que las alcaldías correspondientes, se dieran a la tarea de comenzar a desarrabalizar, con voluntad y decisión reales algunos puntos críticos que se tienen en nuestras calles y avenidas, que afectan considerablemente el tránsito vehicular y peatonal, con una desorganización e incidencias ambientales muy marcadas en sus entornos.

Verbigracia, el kilómetro 9 de la Autopista Duarte, y sus alrededores; como también ocurre, en la inmediaciones de la Av. Duarte con París, o la 27 de Febrero. ¡Ahí hay bastante que resolver, para los dos partidos mayores en pugna!, por los que sus alcaldes ya electos, y representantes, bien podrían comenzar a demostrar en parte, la futura agenda de servicios públicos con las que habrá de coadyuvar su pupilo, una vez llegará al poder.

Luego, es en esa dirección objetiva que debe ir todo proselitismo en esta época y siempre. Demostrándose raciocinio, abordando realidades nacionales, y enfocando propuestas de soluciones concretas para el país y sus ciudadanos. No es cuestión de rebatiñas, insultos, acusaciones y contra acusaciones; como de actitudes que a veces parecen animalescas, por tratar de alcanzar el poder como sea.

Lo que más aplicaría a nivel de los políticos dominicanos, es el propugnar y promover la concienciación debida, para que depongan de manera significativa los intereses particulares, y los comportamientos impropios de campaña que se derivan de esas situaciones personales asumidas.

Si todos los políticos pensarán en realidad en el pueblo y sus conciudadanos; como, en los requerimientos y precariedades demandados, esas situaciones conflictivas extremas no se presentarían entre ellos. Y las iglesias por su parte, no sólo la católica, jugarían un papel inductor importantísimo, si trataran de concienciarles en tal sentido.

Pero, nada más que redactando y procurando la firma de un “pacto de civilidad”, que lo más seguro sólo sea aceptado y rubricado por el patrocinio que tiene – altos representantes de la Iglesia Católica en el país -, lo que se puede esperar no es mucho.

¡Dejémonos de ser ilusos!