¡No seamos así!

Por Carlos Luis Baron jueves 3 de mayo, 2012

¿Por qué a los dominicanos nos gusta tanto denigrar? Esa es una pregunta que, por las innúmeras respuestas posibles, resultaría poco preciso contestar en base a una o dos razones solamente.

No obstante, sí hay algunas muy incidentes, que se ven a lo lejos, como se diría popularmente, y que denotan cierto sentido de superioridad en los ególatras, con respecto a otras personas, que bien podría originarse en: tipo de trabajo no muy técnico o profesional que realicen; tener muy bajas condiciones económicas; color de la piel (negra); o, pertenecer a un árbol genealógico de poco abolengo.

Pero ocurre que, el hecho de tener que pertenecer a cualquiera de esas castas sociales no denigra a nadie en realidad. Y por tanto, a ningún otro que, por destino o circunstancias, a veces muy cuestionables y deleznables, pueda disfrutar de un status social diferente en ocasiones, tampoco le hace superior. ¡Todos somos iguales!

El tema viene a colación debido a que, no es raro escuchar en la nación dominicana, en voz de muchas “señorotas y señerotes”, referirse a determinados servidores como: la sirvienta, la chopa, el chopo del chofer; o, el asqueroso guardián, el negro que limpia el patio, y que a la vez hace los mandados, etc., etc. Entienden que, esa gente es despreciable por su condición. ¡Que pena!; cuanta ignorancia humana se advierte.

Sin embargo, la mayoría de personas que así se expresan y proceden, tienen que depender necesariamente, en muchos casos, de esos valiosos servidores que, aun siendo pobres, prietos o feos, como teniendo poca formación académica, les ofrecen importantes concursos o labores, aunque a cambio, obviamente, de un mísero salario por lo regular, como de los maltratos ocasionales inmerecidos que están obligados a recibir. Esas “doñotas y doñotes”, sin los que tanto denigran, ¡no pueden vivir!

Uno de los ejemplos más claros sobre ese particular, es el que se observa ordinariamente, respecto de la relación trabajadoras domésticas-amas de casa, como en el trato inadecuado que ocasionalmente se les dispensas a las primeras, amén de tener que aceptar la utilización del sobrenombre peyorativo, sirvienta o chopa.

Normalmente, esas damas encumbradas, o ricas algunas sólo en apariencias, son alienadas a través de la mal asimilada corriente de pensamiento moderna que denominan “liberación femenina. Son de aquellas que, de ordinario, no son muy virtuosas, en términos de la administración y conocimientos sobre los quehaceres dentro de un hogar; por lo que, necesariamente, tienen que depender de esa mano amiga dentro del mismo, cuando deciden formar una familia.

¡Sí!, de esas mujeres igual que ellas, humanamente hablando, claro, a las que desprecian o marginan; les hablan mal; y muchas veces, hasta las engañan con el salario acordado; tampoco, les pagan lo justo por su trabajo. ¡Cuanta crueldad!

Les ponen los maridos en las manos a los servicios domésticos femeninos, para que se los atiendan. Tienen que comer siempre los alimentos que las mismas preparan; pues, las doñotas ni siquiera saben colar café, o freír un huevo.

Sin embargo, ni siquiera en ese gran riesgo (a veces, las mujeres del servicio lucen físicamente mejor que muchas dueñas de casa), como en la total dependencia obligada, para poder preservar la organización familiar reparan, que son motivos más que suficientes, para procurar considerarles, y tratar como es debido a esas humildes, normalmente, servidoras hogareñas. ¡No!, son las sirvientas o chopas.

También algo muy parecido ocurre, con relación al trato que se ofrece a las personas que trabajan en los servicios de choferes. Son los chopos, y los que tienen que hacer todos los mandados; dormirse en los carros, esperando que los hijos de mami y papi, o los mismos padres, compartan y se diviertan hasta altas horas de la madrugada, para luego tener que dejar el vehículo en que trabajan, e irse a sus casas pagando un transporte público. Pero además, tienen que estar de nuevo en su trabajo a las 7:00 a.m., del día siguiente. ¡Que injusticia!

Es una lástima que, ese tipo de patronos, muchos adinerados y otros “allantosos”, inflados egotistamente, no se den cuenta de que sus vidas y las de los familiares, entre otras cosas, pueden depender de los servicios de cocina o choferiles. Y que, eso debería obligarles a la dispensación de un trato más humano y adecuado respecto de esas personas; como, a pagar justas remuneraciones en favor de ese tipo de empleados, contrario a estar sólo denigrándoles, y calificándoles como sirvientas, chopas y chopos.

Evidentemente, y en adición, olvidan que esos seres humanos, al margen de la labor que realizan por necesidad obvia, tienen sus sentimientos y derechos que se deben respetar; que maltratarles u ofenderles, máxime sin necesidad, por comparonería simple, puede originar rencores que se van acumulando con el tiempo, y que pueden inducir luego a actitudes vengativas, con el agravante de tener a los enemigos dentro de la casa. ¡Gran peligro!

Siempre recordamos el comentario que hacía una señora con muchas vivencias, y experiencia obvia, cuando escuchaba a alguien pronunciar esos términos (sirvienta o chopa), al referirse a cualquier trabajadora doméstica; decía: “pa’ sirvienta está ésa buena, y no sirve”, en alusión a la dueña de la casa. Y en verdad, muchas veces tenía razón, comprobable, cuando uno se dedicada a reparar con atención sobre las verdaderas condiciones de la llamada “doña”.

Finalmente, un connotado líder político dominicano, ya fallecido, siempre externaba que, “sus mejores amigos, y que como tales les trataba, eran: el servicio doméstico, el chofer y su barbero; pues, su vida la ponía en manos de ellos a cada rato; y que éstos, se la podían preservar o quitar a voluntad, en cualquier momento”.

¡Procedería adherirse a ese parecer último; sería de inteligentes!