Nuevos rumbos políticos y sociales

Por lunes 14 de abril, 2008

Sin que muchos los percibamos, estamos sumergidos en un proceso social y político que nos conduce por un sendero inequívoco y seguro hacia una real transición generacional y con ello a las grandes transformaciones que en todo orden requiere y reclama nuestra sociedad. Junto a este proceso, se está produciendo saludables niveles de preparación en todos nuestros estratos sociales para enfrentar nuestros males y obtener sus soluciones, acompañado de una beneficiosa consolidación del nuevo liderazgo emergente que representan las nuevas generaciones, el cual está soportado en una dinámica forma de pensar tendente a descartar los liderazgos mesiánicos y el tan perjudicial endiosamiento en el ámbito de nuestras instancias políticas y sociales.

Asimismo, hoy en día en nuestra población más pobre como la de mayores recursos económicos, se nota una firme convicción y un adecuado conocimiento de cómo debe generarse el progreso social, dándose los pasos necesarios para que quede como cosa del pasado haber dejado la conducción de la nación y la sociedad bajo la voluntad y el poder decisorio de determinados grupos o clanes sociales, por ser un acto irracional que solo sirvió para generar los males que nos mantienen en el subdesarrollo.

En tal sentido, existe un accionar colectivo, procurando no fracasar, bajo ninguna circunstancia, en nuestras grandes y pequeñas iniciativas encaminadas al progreso social y el real desarrollo. Así surge un mayor grado de conciencia y una decisión generalizada en torno a que nuestros problemas no pueden ser solucionados por una determinada persona, sino que su encaramiento dependerá del nivel de preparación, capacidad y disposición de concertación que tengan nuestros líderes políticos, empresariales y sociales.

Esta forma de pensar que se va imponiendo con firmeza en nuestra sociedad, también ha llevado a la población y a sus instituciones a despertar del letargo sobre sus indelegables responsabilidades sociales que deben asumir, orientándoles por un rumbo que les obliga a imponerles a nuestras entidades políticas y a sus liderazgos reglas y exigencias que deben cumplir para justificar su existencia, para con ellas forzar su transformación y el desarrollo de lideres con nueva mentalidad.

El tan sabio y oportuno comportamiento social que a todos sin excepción nos arropa y nos hace coparticipes, nos requiere asumir como tarea inmediata obligar a nuestros partidos políticos a que se acoplen a los nuevos tiempos, así como a los requerimientos de la sociedad dominicana, para que cumplan su rol en el desarrollo social, a fin de llevar a las funciones públicas a personas que, además de ser honestas, tengan la suficiente preparación para conducir con eficiencia las dependencias estatales que se les encargue dirigir y administrar.

Lo expuesto nos llama a ser motores y guías de una etapa histórica que nos llevará hacia mejores horizontes y nos permitirá contemplar entidades políticas y sociales que procuraran trillar un camino glorioso y luminoso, sustentado en un liderazgo que tendrá por norte la humildad, capacidad y la honestidad y, que a la vez, será asumido como un don que regala Dios a cada líder para cultivarlo a favor de la patria y la sociedad que le ha visto nacer, crecer y desarrollarse.