¡Otra! ¡ y van más cien!

Por Carlos Luis Baron lunes 16 de julio, 2012

La diferencia en organización y articulación es conceptual y se expresa en que una es permanente y sistemática y la otra es coyuntural.

¿Cuando se recurre a los operativos? Cuando no existen sistemas organizacionales que garanticen el funcionamiento eficiente de una actividad que debe ser permanente. Por ejemplo, nuestros principales municipios no tienen un sistema para el tratamiento de la basura, es decir todo un andamiaje institucional que eduque a la población para que no tire la basura, que la clasifique, la recoja, que estimule a quienes cumplan las normas establecidas y castigue a quienes transgredan las normas.

Al no existir un sistema organizacional, la gente tira la basura, la misma es recogida deficientemente y se acumula en cunetas, contenes, patios, avenidas, calles y callejones y cuando ya es evidente la suciedad, entonces se recurre a la articulación coyuntural de personas e instituciones para montar un operativo que haciendo un esfuerzo concentrado recoja la basura acumulada, para volver a permitir su acumulación.

Igual ocurre con las obras tanto de la municipalidad como de las que construyen los ministerios de líneas y las entidades ejecutoras del estado, que al no contar con un sistema de mantenimiento adecuado se van deteriorando hasta el punto que repararlas cuesta los dos ojos de la cara y riñón y medio.

Así ocurre con el desorden en el transito, con el uso de armas ilegales, con los vehículos que transitan sin placas y sin revistas, con el bacheo y asfaltado de calles y avenidas, para cobrar del deficiente servicio eléctrico, para perseguir la delincuencia común, para desmontar los puntos de drogas, para desalojar los buhoneros, los talleres de mecánica y los lavaderos de carros improvisados en las vías públicas, el robo de metales de lugares públicos y hasta de cables del tendido eléctrico, telefónico y de puentes. Se monta un molestoso operativo porque no aplicamos el rigor de la sistematicidad que permita imponer el orden.

Al parecer resulta más rentable atacar los efectos de los fenómenos y nos la causalidad de los mismos. Pues solo eso explica que a la mayoría de nuestras situaciones cotidianas les demos de lado sin atacar la raíz de sus males. Es como si tuviéramos un pacto con la dejadez y la irresponsabilidad.

Ahora el show es la promoción de “un día sin pollo”, con la intención de boicotear la venta de carne blanca para “forzar” a una rebaja de los precios al consumidor. Por la aceptación y el entusiasmo mediático que ha causado la iniciativa “del día sin pollo” tal parece que será un éxito y que el producto bajará de precios.

Todos sabemos que la iniciativa a lo más que llegará es generar el desahogo en una parte de sus promotores. ¿Van a bajar el precio de la carne de pollo porque duremos uno, dos o tres días sin consumir la carne del ave? ¡No seamos soquetes! Todos sabemos muy bien que para hacer que descienda el precio de cualquier producto en el mercado nacional, lo único que debe hacerse es eliminar la cadena de intermediación que lo encarece.

Para hacer que los productos de primera necesidad lleguen del productor hasta el consumidor a precios justos, no es con bulla, ni con allantes, promovamos la verdadera campaña que es la de exigir que el estado intervenga otorgando financiamiento blando a los productores para que produzcan a bajo costo y vendan su producción de manera directa, sino a la población consumidora, por lo menos al último eslabón en la cadena de intermediación, a la vez que instala un sistema de factory que les adelante el valor de sus facturas colocadas a crédito.

La promoción de esta acción puede servir como un ejercicio de entretenimiento, pero jamás de solución a una realidad que está en las narices de todos. Dejémonos de halar el rábano por las hojas que así no es como se saca este tubérculo.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD