Pared Pérez destaca cualidades políticas, humanas y profesionales de Quilvio Cabrera

Por martes 15 de abril, 2008

Reinaldo Pared Pérez, secretario general del Partido de la Liberación Dominicana, destacó las cualidades políticas, humanas y profesionales del ingeniero Quilvio Cabrera, al pronunciar el panegírico, en nombre de la dirigencia peledeísta, en el Cementerio Cristo Redentor.

Los restos del ingeniero Quilvio Cabrera fueron enterrados en el Cementerio Cristo Redentor de Santo Domingo, luego de un recorrido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la Casa Nacional del PLD y el Instituto Agrario Dominicano, donde recibió los honores como profesor meritorio, miembro del Comité Central y funcionario de gobierno, respectivamente.

Quilvio Cabrera falleció el pasado domingo en un accidente de tránsito, le sobreviven su esposa la señora Ana Rita Espejo y sus hijos Quilvio Apolinar, Meliza Carmelina, Sergio Octavio, Democles David.

A continuación el discurso pronunciado por el secretario general del PLD durante el funeral de Quilvio Cabrera.

PANEGIRICO EN EL FUNERAL DEL COMPAÑERO QUILVIO CABRERA

El domingo 13 de este mes, es decir, 13 de abril, el destino nos la jugó. ¡Sí! Se la jugó al Partido de la Liberación Dominicana. Nos arrancó de un tirón, brusco, inesperado, fulminante, por demás inoportuno y nada grato, a Quilvio. ¡Sí! Así solo, Quilvio, porque para nosotros, la militancia y la dirigencia del PLD eso eras tú, simplemente Quilvio.

Te distinguiste y te comportaste, por ser un militante y un dirigente como lo quiso Juan Bosch. Sí, Quilvio, Don Juan, el Maestro, el guío, la inspiración de todos nosotros y la tuya. Fuiste y así serás recordado por siempre, un miembro ejemplar de este Partido. Serio, responsable, solidario, enérgico, trabajador infatigable, emprendedor y, sobre todo, íntegro y con un claro y elevado concepto de la dignidad humana. Como nos enseñó el viejo, Quilvio.

Llegaste a ser un miembro prominente de la alta dirección del Partido: el Comité Central. Ocupaste varias funciones en diversas instancias partidarias. Recuerdo ahora, en este momento, compañero Quilvio, que para el período 2000-2004, cuando fuimos a la oposición, te correspondió ejercer las funciones de titular de la Secretaría de Asuntos Agropecuarios y te posicionaste al nivel de las circunstancias, toda vez que te erigiste en un auténtico y eficaz vocero del PLD sobre el área de tu competencia, denunciando, con absoluta y completa responsabilidad, las deficiencias y anomalías que se sucedieron en la misma en todo el país.

A la hora de tu fallecimiento, te desempeñabas como Director General del Instituto Agrario Dominicano del gobierno de tu Partido, del gobierno de Leonel, el del PLD. Y sabes una cosa, lo hiciste bien, sumamente bien, como uno lo esperaba de ti; porque en el desempeño de tus funciones al frente de dicha institución, la ejercías como lo espera toda la ciudadanía de un funcionario público: con pulcritud, abnegación, dedicación, entrega y honradez.

No solo te caracterizaste por ser un militante ejemplar como dije más arriba. Fuiste un ciudadano de bien, intachable a carta cabal. Y ni hablar como padre, esposo, familiar, amigo. Lo mismo Quilvio: la integridad hecha persona.

Como profesional de la agropecuaria, igualmente sobresaliente. Te destacaste, y no solo por la capacidad que demostraste, si no, además, por la experiencia que acumulaste. Pero, también, solidario, fraterno, cordial con tus compañeros y compañeras de profesión, lo que conllevó que ejerciera la presidencia de uno de los gremios del {area, la de la Asociación Dominicana de Ingenieros Agrónomos (ADIA).

Quilvio, cuando me informaron de tu muerte, tuve necesariamente que recurrir a Miguel Hernández, sí, el poeta español, el de la República y decirte con él algunos de sus versos de su Elegía a Ramón Sijé, en el sentido de que "no perdono a la muerte enamorada, no perdona a la vida desatenta".

Quilvio, al finalizar estas palabras en este dramático y conmovedor momento, te digo, con todo el Partido y con este dolor que lacera, que hiere, que lastima en lo más profundo, que te recordaremos, que no te olvidaremos y que vivirás por siempre, en el alma y en el corazón de cada peledeísta que tuvo el privilegio de ser tu compañero y tu amigo.

¡Que Dios te bendiga, Quilvio, y te acoja en su seno!