Poderosa arma contra la especulación, ¡no consumir!

Por Carlos Luis Baron martes 10 de julio, 2012

En un país como éste, donde la especulación campea por sus fueros, sólo con instituciones pantallosas que no se hacen respetar, por lo que resultan ser inoperantes completamente; y, sin políticas estatales que vayan en beneficio de las grandes mayorías más necesitadas, el mismo pueblo es el que tiene que tratar de imponer reglas de juego que se reporten en su favor.

Y cómo es posible que aquí, el agiotismo o especulación, pueda llegar tan lejos, que ni siquiera haya reparo alguno frente a los artículos de primera necesidad que demanda a diario la población, como son los correspondientes a la canasta alimenticia básica misma, imprescindibles para la subsistencia humana.

Que las ambiciones comerciales desmedidas, no se puedan detener, aun sea a nivel de esos renglones de vital importancia para la gente; tal cual ocurre también, con relación a los medicamentos esenciales para preservar la salud. Y mientras tanto, las autoridades se muestran más que “leniles” en todos los casos.

Aquí, cada cual fija sus precios medalaganariamente. A veces, hasta de manera desaprensiva, en ausencia de los controles oficiales requeridos, y ante la mirada indiferente de los organismos oficiales competentes, que sólo “aguajean” cuando sube mucho la marea de la presión social.

Durante los últimos días el tema que ha estado sobre el tapete en este país, es la gran especulación que se ha venido verificando con los precios en la libra de la carne de pollo, aprovechándose la demanda de la misma, que a pesar de estar “hormonizada y antibiotizada”, es la que tiene la ciudadanía como la “panacea alimentaria” obligada, debido a lo inalcanzables que resultan algunos otros productos sustitutivos del género proteico, en dieta diaria de los dominicanos.

En este país hay una inconsciencia tal que, desde que cualquier producto o servicio comienza a demandarse en gran medida, por necesidad imperiosa de parte de la población, empieza de inmediato una escalada alcista en los precios.

Ya pudimos ver en los días próximos pasados, como la fuerte ola de calor que nos afecta produjo de una vez un aumento en el precio del botellón de agua para consumo. ¡Aprovechemos, que ahora se tiene que beber mucho del preciado líquido!, dirían de seguro los empresarios de ese sector. Y así, ocurre con todo en esta República; por lo que, con la oferta de la desteñida carne seudo blanca no podía haber excepción.

Para formarse certeras opiniones sobre lo que aquí se viene produciendo, en términos especulativos, de burlas provenientes de determinadas áreas productivas y comerciales, sólo hay que leer lo que dice el señor José López, Presidente de la Asociación de Pollos, ante la amenaza que se ha hecho del no consumo de esa carne por un día, para combatir las actitudes especulativas presentes: “Si dejan de comprar pollos un día lo vendemos al siguiente”. ¡Que parada más “elegante”! (Véase periódico “El Día”, del 10-7-12, página 10).

Ahora, esa sería la mejor arma que tendría este pueblo para enfrentar a los especuladores o agiotistas que nos gastamos en esta nación, ante la indefensión oficial: ¡el no consumo!; y no solamente durante un día, sino por el tiempo que se requiera.

Cuando esos buitres estén tres o cuatro días sin vender sus pollos, más rápido que inmediatamente, bajan los precios; o, procuran buscar a como dé lugar, todas las formas de rebajar significativamente el costo de los insumos que necesitan para la crianza y otros, si es que en verdad es esa la razón para las alzas consecutivas, a los fines de no dejar caer el negocio.

Esa es la única alternativa que tiene la gente entre nosotros. Y, no nada más, en lo que respecta a los pollos, sino con todos los artículos básicos de consumo masivo. Se tiene que hacer el intento de la alternabilidad en la dieta alimentaria; dejar los hábitos recurrentes, que se tornan como cárceles en la que siempre se debe permanecer, lo cual no es así.

Se especula con los plátanos, por ejemplo, a comer rulos, guineos, batata, etc. Lo que más hay son rubros agrícolas sustitutivos, como también pasa con otros, incluyendo aquellos de las carnes. Entonces, ¿por qué hay que dejarse engañar, por lelos o bobos?

Es la demanda “costumbrista” la que se aprovecha, precisamente, para especular, donde reinan la inconsciencia y la falta de controles efectivos, tal cual ocurre en este país.