¿Por qué no, a la continuidad del Estado en la República Dominicana?

Por Carlos Luis Baron domingo 25 de marzo, 2012

Cada vez que en nuestro país se aproxima un cambio de gobernante, con su respectivo nuevo séquito, la interrogante obligada que sale a relucir es, si los entrantes continuarán con las ejecutorias anteriores, o si todo será en lo adelante, “borrón y cuenta nueva”, como dice el pueblo llano.

Esa es por supuesto, una inquietud muy procedente, tomando en consideración que, todas las gestiones gubernamentales que aquí terminan, siempre dejan obras públicas pendientes de concluir; al igual que, una serie de compromisos financieros por honrar.

Y que, los antecedentes que se tienen remiten a la creencia de que, todo lo anterior quedará en el olvido; que cursarán iniciativas diferentes; que muchas cosas se quedarán a medias; y que, las deudas atrasadas caerán en el vacío profundo, salvo las que correspondan a aquellos que puedan permanecer bien pegados, aun tengan que ceder un porcentaje, por debajo de la mesa, a cambio de que les pague.

Como se pudo oír y observar recientemente, en declaraciones formuladas por el candidato a la presidencia de la República, (PRD), señor Hipólito Mejía, que recogió con amplitud la prensa local, el mismo no está en disposición de pagar las deudas atrasadas que reciba de la gestión peledeísta saliente, en el caso de ganar las próximas elecciones, que se entienden avaladas desde ya por contratos dolosos. ¡Se está juzgando a priori!

Entre otras cosas dijo el señor Mejía,”Que no me pida nadie a mí, yo conociendo cómo está este hombre actuando (el Presidente Leonel Fernández), repartiendo el país entero y haciendo contratos dolosos, que yo me ponga a pagar la deuda vieja, no duro un mes en el Gobierno”.

“Advirtió a los presentes en el acto que si no han cobrado, que se preparen, que no van a cobrar si llega a la Presidencia de la República”.

Recalcó su parecer diciendo que, “con los suplidores del Estado aplicará la tesis de Balaguer en el sentido de que las deudas viejas no se pagan y las nuevas se dejan poner viejas”.

Según han dicho algunos connotados periodistas, eso no lo dijo Balaguer. César Medina, por ejemplo, expresó lo siguiente: “Esa es una vieja frase de Lilís que algunos morosos atribuyen a Balaguer y que Balaguer nunca dijo – “Deuda vieja no se paga, y la nueva se deja poner vieja -”.

Como se puede ver, la idea es seguir montado en el mismo caballo: “que no haya continuidad del Estado”, craso error a todas luces; cuando, lo que más procede es que, el mismo continúe tal cual, como la persona jurídica que es; sólo que, en manos de otros administradores, mejores o peores. Y que, se cumpla con lo que se deba, sin importar quien, dentro de éste, claro está, haya concertado los compromisos pendientes.

Ahora, lo que sí debería ser una responsabilidad obligada, y de cumplimiento oportuno es que, se proceda a una revisión exhaustiva de todos los términos y condiciones incluidos en los contratos suscritos con anterioridad, antes de inclinarse por honrar los pagos debidos.

Y que, determinada cualquier anomalía o situación dolosa con respecto a los mismos, como en los trabajos o entrega de bienes acordados, se suspenda el saldar cuentas; se instrumenten y se de inicio a la ventilación de los procesos judiciales correspondientes, en los que se incluyan todas las partes envueltas, a los fines de que sean los tribunales de la República los que conozcan en torno a cada casos, y decidan sobre su pago o no; al igual que, se dispongan, o tiendan a imponer, cuando así se considere pertinente, las sanciones de lugar.

¡Eso, sí que sería administrar bien el Estado nuestro; lo que de rigor procedería hacerse siempre!