Porque Penn and Shoen da al PLD 48% y al PRD 31% a tres meses de Mayo 20?

Por Carlos Luis Baron martes 4 de diciembre, 2012

La volatilidad histórica de la crisis global del capitalismo salvaje potencia los cambios sociales y políticos de las economías de escala del tercer mundo y acelera la sensibilidad de las capas medias y medias bajas de la burguesía y de los trabajadores excluidos que ya antes habían introducido, a lo largo de nuestra historia republicana, la contemporánea agitación política (1924-1930); el asesinato como arma política (1930-1961); la revolución social (1963-1965) y la contra revolución neotrujillista (1966-1978). Pero, como añade el historiador Roberto Cassa, según Bosch: “…Estos movimientos socio – políticos de derechas de finales del Siglo 20, junto a la presencia norteamericana en Santo Domingo post-Trujillo, es de una espiral histórica totalmente nueva…”.

Bosch planteaba, según el Dr. Cassa, que mientras EEUU y sus aliados en República Dominicana redujeran al mínimo el diafragma de las corrientes liberales de las capas medias y medias bajas de la sociedad dominicana (En un mundo interno de luchas entre la policía política del régimen dictatorial del Dr. Balaguer y los militares al servicio el Departamento de Estado, por ejemplo) y entre el mundo entero, sería imposible crear una unidad nacional patriótica con vocación real de poder político. Quizá por ello, en 1973, Bosch aumenta al máximo su presencia cuantitativa y cualitativa en la sociedad dominicana avanzada de finales del Siglo 20, ayudado en ello por una serie de factores sociales y políticos diversos: a) la estructura política del Estado dominicano de 1963 (consistente en la visualización rápida, a veces instantánea del pensamiento colonial de la época, su distribución unipersonal característica…

Pienso que de algún modo esto afecto sensiblemente el proceso democrático e institucional del Estado, de la sociedad y de los partidos políticos de pos guerra –

Por otro lado, (continuando la misma línea progresista del pensamiento de Cassa) EEUU introduce su modalidad corporativa – estatal de fruición socio-cultural (1916-1965) y hace del nuevo estado que impone, por la misma característica de la constitución de 1966, no sólo un espectador de alcance pasivo sino un activo fijo. El estado dominicano del Siglo 21 está en todas partes, no sólo mira, sino que también participa.

Son estos rasgos lo que hacen al estado-nación marcar el ritmo del paso de los acontecimientos histórico – políticos (vedado a otros segmentos marginales del modelo socio político y económico) aunque los integra por medio de la coerción, el presupuesto y el miedo. El sistema democrático de la República Dominicana le permite a la clase dominante de los partidos políticos y de los grupos de privilegiados llegar a convertirse en un elemento nuclear del bipartidismo histórico y de la sociedad (1962-2012) y de la empresa multinacional de las sociedades actuales. La función de los partidos políticos, en el Siglo 21, ya no resulta necesaria, sino accesoria al modelo económico que le da oxigeno y a los intereses de clase que le otorgan soporte. (Entre ellos se pueden mencionar los organismos internacionales, las entidades cultas o secundarias y así sucesivamente, por ejemplo). En el estado actual cada vez hay una correlación (más estrecha aún de lo que se percibe) entre lo que el bipartidismo (oficialismo-oposición) considera realidad, en una sociedad o época dada, ya bien sea un tema político y económico, y lo que los intereses corporativos y/o las multinacionales consideran realidad, o inclusive, lo que los voceros de las organizaciones populares y las izquierdas presentan como tal.

Así, en esa lógica de pensamiento fondomonetarista generalizada, el saber y la conciencia social tienden a identificarse con una franja de la cognoscibilidad nacional, que los medios de comunicación en manos privadas, o en sentido general, y la oposición y las alianzas buitres que se dan, muestran su lado particular.

Emerge de este modo un fallido contexto socio político de carroña, una nueva crisis institucional sancochada, que se puede definir a partir de sus rasgos bipolares más específicos:

b) En mi opinión, para Bosch, por ejemplo, la campaña histórica de oposición de la izquierda y del PRD contra el oficialismo de Balaguer, en 1970, tenía un alcance político limitado.

Era obvio que las interconexiones de la CIA y de los servicios secretos del régimen se habían infiltrado en las secciones regionales del PRD – incluyendo las organizaciones populares y el movimiento sindical – que se habían trasladado a los clubes deportivos y culturales y fortalecieron sus lazos en el tiempo. De manera que esas antiguas alianzas coyunturales se han extendido a las alcaldías y gobernaciones de las municipalidades cabeceras de las provincias locales haciéndolas mezclarse entre sí y alternando el carácter democrático de la lucha patriótica de los gobiernos y el espíritu revolucionario y progresista de las aspiraciones sociales, políticas y materiales de la población.

Así, el futuro político de los partidos políticos del Siglo 21, tanto los de izquierdas y/o como de los aliados satélites de derechas – Bloque Progresista – o al PRD parece irreversible: la progresión del número de militantes y miembros simpatizantes – tanto independientes como activistas de la sociedad civil liberal – decrece, y su capacidad de multiplicar su discurso hacia los más recónditos rincones del país (a través de los medios de comunicación) no cesa en desmoronarse.

Asimismo, el acoso de las alianzas buitres que realizan los partidos tradicionales del sistema clasista contra la democracia constitucional genera un sincretismo político que mezcla los lenguajes discursivos de la globalización neoliberal con los actores de sociedad civil – tanto radicales como anarquistas del PRD – así como liberales y conservadores nacionalistas; locutores de radio y TV; presentadores de espectáculos; diseñadores y creativos de campañas; escritores de poesía y novelas; actrices de teatro; cantantes solistas, propagandistas de redes sociales, por ordenador.

El resultado de la presencia corporativa norteamericana de posguerra en la sociedad política contemporánea dominicana del Siglo 21 es una clase política y empresarial compleja, con una homogénea cosmovisión geopolítica y económica del poder unilateral, es decir, una visión particular de cómo manejar el estado-nación que genera modos socioculturales antagónicos perceptivos y consolidan viejos hábitos políticos cognoscitivos.

Es casi seguro que las alianzas buitres ocultas que se dan entre las organizaciones populares, la sociedad civil y el PRD esté creando aceleradamente nuevos espacios sociales y políticos alternos accesibles a todos y es posible que haya alterado el sistema democrático.

El sistema político de oposición que percibimos está planificado a un ritmo empresarial acelerado, con discursos fragmentarios, de baja conectividad con la población. El discurso de las izquierdas y de los movimientos juveniles es vacío y de baja intensidad.

Finalmente, la cosmovisión de las izquierdas democráticas y/o de los conservadores de sociedad civil pro empresa es provisional, estática, de un tono discursivo de la anti política y poco práctico y organizado. En el Siglo 21, las alianzas buitres de las izquierdas y de la sociedad civil pro empresa y pro EU, aliada al PRD y al empresariado del 47% del 20 de mayo nos recuerdan, en sus aspectos estéticos, el impresionismo asocial y anti social de las intervenciones militares extranjeras en República Dominicana y hasta el surrealismo foquista de guerra fría llevados a sus extremos.

Esta nueva crisis global del capitalismo salvaje tiene el carácter de un nuevo reordenamiento social, político, económico y cultural. Quizá la estructura política-institucional de estado-nación incluyendo a la amplia franja del pensamiento estatal se haya hecho discontinuo, sin campo. Es posible que la contemporaneidad de la evolución del sistema capitalista sea ya homogéneo y cuya reflexión y análisis ha impedido su propio desarrollo.

Es necesario que las izquierdas democráticas y las organizaciones populares progresistas piensen y reflexionen en serio sobre las causas y las consecuencias del capitalismo salvaje; su evolución en la historia contemporánea y las rupturas de los sistemas políticos que ayudó a corromper. La caída espectacular de su representatividad pública, desde 1844 hasta 1978. Asistimos, pues, en el Siglo 21, a la instalación de un régimen constitucional democrático, pero sin balances ni consensos reales de poder. A una nueva experiencia histórica-social, es decir, a la implantación de nuevos mecanismos de construcción democrática, de nuevos horizontes.

Pero, ¿Es la democracia constitucional del Siglo 21, un ámbito propicio de existencia, un espacio de derechos en el que habitamos, un cuerpo social donde construimos nuestras relaciones en armonía?

El camarada Manuel Salazar, del Partido Comunista de los Trabajadores, sabe que una democracia más inteligente es posible. El PRD, FALPO, Frente Amplio, el Foro Social Alternativo y la sociedad civil corporativa del Centro Montalvo deberían hacer un esfuerzo por disponer de una cosmovisión aún más incluyente donde las minorías de izquierdas y de derechas, los intelectuales, los religiosos y los independientes tendrían voz sobre el debate de un nuevo paradigma.

Por último, si los partidos políticos de oposición del sistema cumplen únicamente la función electoral que el capitalismo salvaje les plantea y la función electoral que el capitalismo salvaje y sus representantes en el país, les permite, y de manera muy superficial e informal las izquierdas pactan con la ultra derecha capitalista opositora más conservadora y se contentan con divertir a los medios de comunicación en manos de los intereses empresariales, es a bien seguro, un esfuerzo al servicio del bipartidismo neoliberal de turno, de los empresarios y sus monopolios, de los absolutos intereses de los EU y de la UE.

Como planteara Bosch, según Cassa:

“…Un grave error histórico…”