Posibles homicidios infantiles involuntarios

Por Carlos Luis Baron jueves 9 de febrero, 2012

Aquí se sigue jugando con la sagrada salud de los niños en las escuelas públicas. Las intoxicaciones de alumnos en algunos planteles escolares siguen, principalmente, en el interior del país. La situación se viene registrando desde hace ya un tiempo considerable a la fecha, sin que aún al parecer, se hayan tomado las medidas correctivas de lugar.

El último caso reportado, se produjo en 14 escuelas de la comunidad de Básima, del distrito municipal San José del Puerto, en Villa Altagracia, según lo reseñara la prensa local, al ingerir los niños la merienda suministrada, hecho que la comunidad relaciona con el cambio de la empresa suplidora, a partir del 17 de enero del año en curso, con lo que dijeron sus moradores sentirse a disgusto.

Según expresaron, “Ellos sienten que es diferente la leche, que quisieran que volviera la otra empresa, o sea, que fuera de que los niños tuvieran esa situación, ellos lo que piden como comunidad al Ministerio es que le volvamos a llevar a la otra empresa”. (Véase periódico “Listín Diario”, edición del 6-2-12, página 2ª).

Es obvio que, lo externado por los miembros de aquella comunidad mueve a una preocupación obligada. Si esa gente estaba conforme con los proveedores anteriores de los alimentos, ¿por qué entonces les cambiaron? ¿Cuál fue en realidad la razón?; ¿Control de los lotes o números de salida de los productos entregados, por parte de Educación, según se alegó? ¡Bueno!; como que eso no ritma mucho; habría que explicarlo con mayor claridad a la población. ¡Se cambio de suplidor, y del tipo de leche!.

Lo que sí parece ser es que, ocasionalmente, se tienen proveedores preferidos, por razones que sólo los políticos conocen, y los funcionarios del ministerio de Educción, independientemente, de cuáles puedan ser los resultados, con respecto a beneficiar o no, la salud de los inocentes que ingieren los productos que les suministra.

Aunque en esta ocasión, al asunto no se le ha dado tanta trascendencia, como en ocasiones anteriores, sí que han seguido la misma norma de los análisis de laboratorio correspondientes, a posteriori, para esperar resultados que, rara vez se hacen del conocimiento público, y que se considera también, no se actúa en función de ellos. Además, de que tampoco con eso solamente es suficiente, para darle la cara de lleno al problema.

Esa es una temática que describe una situación, que se puede considerar muy peligrosa, por los riesgos envueltos; y que, más temprano que tarde, habrá que buscarle una real solución; no la de un paño con pasta, como se dice popularmente, que es lo que de ordinario se hace, cuando se presentan los casos.

Es la salud de esos niños pobres la que está en juego, que se debe considerar como sagrada; y que, se está en la obligación de preservarles, marginando todos los aprestos con ribetes políticos-comerciales que puedan existir. De contrario, que se les dejen de dar a esos paupérrimos menores, las míseras meriendas, y los dañosos desayunos.

Además, si es preciso, que en los casos en que se adviertan negligencias oficiales, y sólo la inconsciente persecución de beneficios económicos comerciales, se apele a la acción de la justicia, ya que tales actitudes bien podrían tipificarse en el contexto de los homicidios involuntarios, con penalidades mayores incluso, por tratarse de indefensos infantes en necesidad.

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