Precisiones sobre la Universidad Estatal de Haití

Por Carlos Luis Baron lunes 16 de enero, 2012

El Presidente Leonel Fernández ordenó la construcción de un centro de estudios universitarios, en la parte Norte de Haití, luego del terremoto que devastó a Puerto Príncipe y sus alrededores el pasado 12 de enero de 2010. El costo de la construcción ascendió a 30 millones de dólares, aportados, conforme se ha difundido, por el gobierno y el sector privado dominicano.

Comparto plenamente la decisión del gobierno de ayudar efectivamente a la reconstrucción de la hermana nación. Y nos identificamos también con el pueblo dominicano que ha sido generoso y solidario con la desgracia de nuestros vecinos más cercanos, contrarios a los ultranacionalistas que han criticado las donaciones del país a favor de miles de haitianos que viven en la miseria más espantosa.

Y si fuera posible más adelante, el gobierno dominicano debería construir también un hospital cerca de la frontera, para que las parturientas y enfermos haitianos no se vean en la obligación de cruzar el río Masacre buscando un parto sin contratiempos o la curación de sus crónicas enfermedades. Un hospital cercano a la frontera sería un dique de contención a la inmigración ilegal que ningún país que se respete debe aceptar.

Algunos analistas han cuestionado las reales intenciones del Presidente Fernández que dispuso la construcción del centro universitario, que no es una Universidad, sino un Recinto de la Universidad Estatal de Haití llamado “Henri Christophe”, ubicado en un lugar llamado La Lemonade, en los alrededores de Cabo Haitiano, capital de la antigua colonia francesa de Saint Domingue.

Cristóbal fue uno de los generales que acompañó al primer Presidente de Haití Jean Jacques Dessalines cuando éste decidió incursionar, en marzo de 1805, con un poderoso ejército a la ciudad de Santo Domingo, tratando de expulsar a los remanentes del ejército napoleónico que había invadido la Isla de Santo Domingo en enero de 1802. Se sabe que los haitianos sólo derrotaron a los invasores en la parte Oeste de la Isla y después que proclamaron su independencia en enero de 1804, veían con recelos y temor que los generales sobrevivientes del ejército francés gobernaran en Santo Domingo, donde compraban y vendían negros esclavos.

En ese contexto histórico, Dessalines se propuso expulsar a los franceses del Santo Domingo español, pero al fracasar en el intento, decidió retirarse por el Norte del país y cuando pasaba a su regreso por los pueblos del Cibao degolló a decenas de personas de esas comarcas que habían expresado su apoyo a los generales franceses.

El “degüello del general Dessalines” dio origen a la difusión de los primeros prejuicios anti-haitianos en Santo Domingo. Desde entonces, la desastrosa retirada de los soldados haitianos ha sido el caldo de cultivo de los que usan los errores del pasado para revivir viejos resentimientos que sólo conducen a las peores de las relaciones entre dos pueblos hermanos, que comparten un mismo espacio vital.

Los haitianos veneran a los próceres de su independencia y nada tiene de cuestionable que hayan decidido llamar al recinto universitario donado por el gobierno dominicano con el nombre de uno de sus próceres.

Mientras “la comunidad” internacional ha aportado muy poco a la reconstrucción de Haití, los dominicanos seguimos dando manifestaciones concretas de ayuda y solidaridad a favor de un pueblo heroico que no descansa por sobrevivir en las peores de las circunstancias.

Por supuesto que jamás aceptaremos que en el acto inaugurar del “Recinto Henri Christophe” tocaran tierra, desde sus helicópteros, un montón de funcionarios del gobierno dominicano, cuya presencia allí era completamente innecesaria.

Tampoco aceptamos la descortesía y la actitud ingrata de un legislador haitiano que dispuso el retiro de una fotografía del profesor Juan Bosch colocada en uno de los salones del Recinto. Esa actitud irracional confirma que a ambos lados de la frontera existen sectores retrógrados, dispuestos a sembrar la cizaña entre haitianos y dominicanos.

Los aportes del gobierno, del sector privado y la generosidad de los dominicanos son las mejores muestras que desmienten la campaña internacional contra República Dominicana que ahora desarrollan ciertos sectores, de aquí y de allá, con la aviesa intención de avivar la xenofobia y otros sentimientos discriminatorios entre dos pueblos que son “dos alas de un mismo pájaro”.

16 de enero de 2012.-