Preludio de un velorio

Por Tito Pereyra miércoles 27 de junio, 2012

“…porque mató a su mujer, y a un amigo desleal…y si vuelvo a nacer, yo los vuelvo a matar”. Canción “El Preso Número 9”

Los feminicidios son hechos en los que se ha demostrado la absoluta incapacidad de las autoridades, policiales, judiciales y comunitarias para evitarlos, tanto en la República Dominicana como en el resto del mundo. Las órdenes de alejamiento se siguen utilizando a pesar de su flaco servicio para preservar las vidas de las mujeres perseguidas y amenazadas. Las órdenes de alejamiento irritan al agresor, que tiene que verse como se ve a un asesino en serie o a un régimen criminal dónde no se respetan los derechos a la vida. Entiéndase el Chile de Pinochet, La Argentina de Videla, El Salvador de Napoleón Duarte, la Guatemala de Efraín Ríos Montt y la Nicaragua de Somoza. Las acciones a tomar requieren una actitud como se asumió con estos regímenes para salvar vidas. Irónicamente estos países muestran, en el presente, altas tasas de feminicidios.

A veces da la impresión de que se minimiza el problema. A veces parece que quién se tiene que responsabilizar se esfuerza poco. A veces me parece que falta indignación y vergüenza.

Los feminicidios son problemas complejos. Tienen su punto de partida o inicios en la violencia intrafamiliar, eso en el orden sociológico. Pero su complejidad reside en una incógnita de carácter zoológico. Tal vez es sólo una variante del crimen de ira, como los que ocurren en las calles y carreteras, por asuntos de tránsito, o los que ocurren en circunstancias del azar disparados por eventos menores que la ira que los provoca. Esos son crímenes entre hombres, pero los feminicidios reflejan la más brutal de las manifestaciones de discrimen contra la mujer.

El Salvador es el país número uno en el mundo en feminicidios con 12 por cada 100,000 mujeres. Aquí fue dónde asesinaron tres monjas norteamericanas y una trabajadora social laica en 1980 por represión política. Se puede establecer relación entre feminicidio, machismo y violencia política. En Latinoamérica se cometen más feminicidios, y repito la palabra con la esperanza de que muchos se indignen, que en el resto del mundo. Jamaica, Guatemala, Honduras, Colombia y Bolivia promedian 6 víctimas por cada 100,000 mujeres. La República Dominicana pertenece a otro grupo en que el promedio fluctúa entre 3 y 6 feminicidios por cada 100,000 madres, hermanas, tías, maestras, obreras, ingenieras, doctoras, prostitutas, vecinas o desconocida que apareció en los periódicos. En el mismo grupo también aparecen Venezuela, Belice, Brasil y Ecuador. ¿Y qué tal si como alternativa para preservar esas vidas se pone en práctica el exilio basado en un plan gubernamental de intercambio de mujeres amenazadas? Suecia, Canadá, España y México salvaron muchas vidas latinoamericanas perseguidas por dictaduras. Sólo tendríamos que darle un matiz político a un problema en el que ninguna acción parece dar el resultado esperado: Salvar vidas de madres y mujeres por las que no se ha hecho lo suficiente.

Estoy completamente seguro de que tendremos dentro de poco un gobierno de lujo, como nunca lo ha tenido la República Dominicana. También sé que ese gobierno tiene un gran compromiso con las mujeres, tanto por el apoyo recibido de ellas, como por convicción propia de los problemas que les afectan. Los feminicidios son indignantes.

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