Presidente Chavez agarrado del brazo del Cristo de la libertad

Por El Nuevo Diario miércoles 12 de septiembre, 2012

Los hombres que luchan desafiando el mal del mundo, se convierten en ofrenda divina en el altar de los votos justicieros de la historia. La maldad como inclinación perversa, no representa lo natural del ser humano, más bien es el producto de la conspiración de aquellos que han sido atraídos a ella a través del engaño y la mentira sistemática, de quienes igualmente se autoproclaman dueña de la misma. Tiene sus dominios por todos lados, se ha constituido en estado que la representa en un mundo que no termina de verificar sus utopías, que no alcanza la cima pretendida de sus más sublimes ideales de libertad y justicia.

Todo lo pervierte el mal, al extremo de incluso haber sido paridos por el mismo mal, es revolución trascendental la liberación del alma, la liberación de la programación con la que nos han supuestamente educado, yo diría nos han cincelado la mente con gravámenes retorcidos de conceptos, nos niegan la felicidad, nos condenan a la triste realidad de la impotencia.

Hay hombres que nacen pero que en verdad son enviados para dar respuesta a las oraciones de los desvalidos, son los escogidos los señalados los que me atrevo a decir viven vidas fuera del convencionalismo, los arrastran vientos destinistas, lo impulsan fuerzas misteriosas guiando religiosamente sus pasos con el desvelo que se crea una obra maestra, con el cuidado con el que se corta una bella flor de un jardín.

Esos hombres, aunque muchos injustamente quisiéramos pensar que son iguales a los demás, en apariencia lo son, pero no actúan iguales, no son el producto del entorno en el que nacieron, más bien es la fuerza infinita del propósito que llevan dentro la que va abriendo trocha, la que hace trillo en el espeso bosque, señalando un camino nuevo, dejando huellas que otros sin lugar a dudas seguirán.

Por esos caminos de la vida, por esas verdades que aun no entendemos aunque creamos que sí, nos llega la esperanza, la voz que alienta y nos marca para siempre, la fuerza que nos rige y nos ilumina, no llega de la manera esperada, siempre llega por extraños y misteriosos senderos, con formas difíciles de ser comprendidas, lo cierto es que cuando llegan, se experimenta, se hace sentir, es la olla caliente que empieza hervir, que presiona y hasta explota.

Hombres que nacen de la nada, hombres que se explican en la historia, hombres nada ordinarios, siempre sencillos, hombres verdadera y auténticamente humanos, que nos invitan con su ejemplo a la conquista de los sueños, que extienden su brazo bondadoso y sin escatimar sacrificio le arrancan una estrella al cielo, solo para mostrarnos un mundo de nuevas realizaciones.

Acaso no fue Cristo uno de esos, anunciado para la liberación del yugo opresor del enemigo que vive atormentando el espíritu humano, la humanidad confundió su mensaje, institucionalizo su obra inconmensurable, le puso nombre al eterno que se revelo únicamente como el YO SOY.

Hay misterios que se le ve hollar nuestras sienes, que mutilan nuestro entendimiento, fuerzas que golpean tan duro que solo Dios sabe, y que la historia apenas logra registrar mínimamente la profundidad de tan extraña dimensión de la conciencia en la que se mueven.

¿No son misteriosos los hombres y las mujeres transfigurados en símbolos, que transmutan con su verbo realidades? ¿No son extrañas las fuerzas que actúan a través de esos que cuando llegan lo cambian todo, y nos señalan desafíos que antes ni siquiera veíamos?

El evangelio es una buena nueva, es revelación divina, es misterio descubierto, es uno y solo uno, aunque nos cueste alcanzarlo, aunque se vea alta su cima, y nuestro ego la oculte. Cuando se nace para cumplir un propósito divino, no existe fuerza que te impida el cumplimiento del mismo.

Mirad bien , estad atentos, David fue Rey ungido conforme al corazón de Dios, el mismo David que peco una y otra vez, el mismo que venció al pecado con la humillación y la adoración a Dios, el mismo a quien Dios le dio la victoria sobre todos sus enemigos.

Así dice la palabra de Dios: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1,10).

Los verdaderos discípulos de Cristo los repudia el mundo, los verdaderos apóstoles de Cristo ven en cada alma un hermano, no un enemigo, si no, ¿a que vino Cristo?, sino a salvarnos de la oscuridad y de los dominios del maligno que se cree dueño de este mundo (pero no por mucho tiempo). Cristo le ha arrebatado almas al enemigo, al autor de la maldad del mundo, aun de su vientre oscuro y pestilente los ha rescatado.

Yo abrace a uno que desde que se de Él, estoy más que convencido que es un elegido de Dios, es un siervo del Señor, y por eso Dios jamás lo ha soltado, y le llego el momento de que se vea cara a cara con el Señor.

Yo sentí en su alma, infinita bondad, una humanidad que solo la fuente del bien absoluto la puede inspirar, y contrario a lo que muchos falsos profetas han anunciado, para sorpresa de ellos, Dios se va a glorificar en El, lo pondrá aun más alto de lo que esta, y pondrá sus riquezas en su boca, sus tesoros en su corazón, sus dones en sus manos dadoras, y hará prodigios, y díganme si no, pues yo les aseguro que así será, porque Dios nos lo ha dado como respuesta.

Porque Él es uno que nació señalado para ser apóstol de la fuerza infinita que alumbra el amor universal de nuestro Señor el Cristo.

Yo conozco a ese hijo de Dios, ese hermano mayor de los continentes, planetas y galaxias, ese es nuestro Hugo Chávez, el mismo que Cristo ha levantado una vez más y para siempre.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios, 6,12).