Princesa de Suazilandia castigada a latigazos

Por domingo 28 de agosto, 2005

Johannesburgo, (EFE).- La música estaba muy alta y había demasiadas minifaldas. Un funcionario del palacio real de Suazilandia decidió terminar con la fiesta a latigazos, que alcanzaron incluso a la princesa Sikhanyiso

"Sólo estábamos bailando", asegura la hija del rey Mswati III, en declaraciones al periódico suazili "The Times" cuando relata el incidente que se produjo el jueves por la noche, aunque sólo transcendió al ser publicado hoy por la prensa.

El incidente se registró en una granja cercana al lugar donde 50.000 doncellas participan hoy y mañana, lunes, en un tradicional baile, "la danza de los juncos", en la que el monarca elige una nueva esposa, en esta ocasión la número 13.

La princesa, que el primero de septiembre cumple 18 años, aparece en el periódico mostrando en la pierna un cardenal por los latigados que recibió, al menos dos, de parte de Mkhulu Ntfonjeni, un importante funcionario palaciego que goza de los favores reales.

Sikhanyiso compartía la habitación con varias doncellas reales, incluida Miss Suazilandia. Hubo una primera queja a la policía sobre el alto volumen de la música, y después llegó el funcionario real para poner orden… a latigazos.

A la fiesta sólo podían entrar las jóvenes que llevaban minifalda, lo que disgustó aún más al funcionario. Se presentó en la fiesta, apagó la música y comenzó la fuga de todos los que estaban presentes en la discoteca improvisada.

El primer latigazo se lo ganó la princesa cuando se negó a que el funcionario confiscara el equipo de música. El segundo golpe fue al final de un ruidoso cruce de palabras entre los dos. El funcionario terminó rompiendo varios objetos, y mandó callar a las doncellas.

"Estábamos escuchando música y bailando, y como había más gente que quería unirse a la fiesta saqué los altavoces afuera (de la casa)", relata la princesa castigada.

Suazilandia aparece frecuentemente en la prensa de la región por los lujosos caprichos de su rey, de 37 años, a pesar de que las dos terceras partes de sus súbditos se alimentan gracias a la ayuda internacional y el 39 por ciento de los adultos padecen sida.