Principales adornos en una mujer

Por Carlos Luis Baron jueves 5 de julio, 2012

Leímos en estos días un titular periodístico que, nos llamó bastante la atención, por el sentido de valoración errado que subyace en el mismo, e inductor a la vez, con respecto a la mujer, en nuestra opinión el ser más importante que existe sobre el planeta Tierra, y con el cual se debe tener un poquito de cuidado para no continuar jugando.

Decía aquella publicación, mercadológica por supuesto, “Vestidos que revelan la figura”, con el mensaje inductivo adicional, “para presumir el cuerpo nada como un minivestido ajustado”.

Cuanto procedería en estos tiempos, cambiar ese vestuario por, valores espirituales que revelan la verdadera mujer, con el complementario “concienciador” de que, son los de mayor imprescindibilidad para cumplir con los roles familiares y sociales que en realidad le corresponden. ¡Cuan loable sería esa clase de consejo u orientación!, si es que aparecieran, fuera de los aprestos comerciales, que nada más son siempre los que rigen.

Claro es entender que, es por ese tipo de manipulación mercantil en gran parte, que hay un sinnúmero de damas que sólo pretenden ostentar su figura física; que tantas viven engañadas, queriendo actuar siempre en función del exhibicionismo de sus encantos visibles; siendo esclavas de una ilusión pasajera que, pasa tan rápido como cualquier atardecer.

Y que después, cuando esas vistas agradables inherentes comienzan a desaparecer, ingresan a formar parte del club de las amargadas y deprimidas. ¡Los atributos corporales femeninos llaman la atención; pero en realidad no conquistan a nadie, satisfacen deseos e instintos sexuales temporalmente!

Los valores de otros tipos atribuibles a las mujeres, ¡sí que lo hacen!, encabezados por todos aquellos de carácter espiritual propiamente, fuente desde la cual se desprenden todas las actitudes que deben regir la cotidianidad femenina, en términos del verdadero amor a ofrecer; y, el alto sentido de responsabilidad a cargo, en cuanto al proceder que les corresponde como entes de equilibrio emocional en el ámbito de las tribus biológicas – las familias -, alimentadoras de las sociedades en general, representando ellas las columnas principales en que se sustentan.

Ese conjunto de cualidades, tan ausentes en estos días, de esas que no se ven, pero que sí se advierten con claridad meridiana, cuando en ellas se trata de reparar, son las que constituyen el principal vestido que revela a la verdadera mujer, en todo el sentido de la palabra.

Las que son “mujere”, obviamente, no mujeres, entendiéndose por las primeras, aquellas que están conscientes de sus verdaderos roles de actuación, a nivel familiar y social. Y las segundas, las adheridas por completo a los patrones de conducta impropios que promueve la modernidad actual, y al exhibicionismo corporal provocativo, como arma de conquista, para de manera inconsciente muchas veces, fracasar de repente en cualquier momento.

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