Protesta, ¡y con sobrada razón!

Por Carlos Luis Baron miércoles 21 de marzo, 2012

Desde hace mucho tiempo ya, eso debió haberse producido: el tratar de evitar que se continúe deshonrando la memoria póstuma, en apreciación casi generalizada, de tan connotado ícono del verdadero arte nacional, la respetable dama, dentro y fuera de los escenarios, doña Casandra Damirón, utilizando anualmente su nombre, para galardonar y estimular la mediocridad, como las desaprensiones ostentadas en el marco de la disciplina artística; en ocasiones, no sólo a nivel local, sino también con seudos valores pertenecientes a otras latitudes.

Ese es un evento anual que, como bien señalan los familiares de esa valerosa mujer extinta, digna representante del arte nacional, tanto aquí como en playas extranjeras, ha perdido por completo la esencia de su origen, para convertirse en un espectáculo mercadológico de caros y suntuosos exhibicionismos textiles. De mucha gente que, en el fondo carece de reales condiciones artísticas, en una gran parte de los géneros propios de esa disciplina allí ahora contemplados, para fines de premiación.

Ya eso de recompensar, u homenajear las labores y la calidad de los trabajos artísticos a nivel nacional, como el estimular al talento joven en vía de desarrollo dentro de esos quehaceres, siempre merecedor de reconocimiento y apoyo local este último, que fueron en gran medida las motivaciones originarias para el montaje y celebración de tan loable otrora evento, han sido tirados por la borda.

En la actualidad sólo se respiran en el espectáculo de que se trata, las aromas de la suntuosidad superficial, los padrinazgos y la comercialización, procedentes de empresarios de clase, casas disqueras y patrocinadores comerciales, principales y secundarios. Jamás de estímulos reales y justa valoración a los artistas nuestros, como a los productores dentro del área.

Pero además, resulta bastante notoria la premiación a la mediocridad fehaciente en que hoy se vive; al bajo perfil cualitativo que ostenta la mayoría de los galardonados; y que, probablemente, junto a los aprestos de mercadeo abierto, para los cuales se hace provecho del espacio, sea lo que haya provocado la reacción hecha pública por los hijos de quien en vida se llamara, doña Casandra Damirón, que ya denota el rebosar la copa, y que publica el medio “Diario Libre”, en sus espacios, “El Espía I y II”, edición de fecha 20-3-12, página 22.

“Piden un cambio en los criterios para elegir a los ganadores o de lo contrario le quitarían el nombre de su madre para el mismo”. Están inconformes con la Asociación de Cronistas de Arte. Es obvio, que ahí está dicho todo. Y, deberían hacerlo, de no lograrse que se retomen para la celebración del evento, los criterios de selección originarios, utilizándose el nombre de aquella gran figura artística nacional, como inducción, hacia un auténtico ícono nuestro a emular siempre.

Precisamente, ponderando en lo personal lo que fuera la última celebración en el país de los “Premios Casandra”, la falta de lucidez, y los otorgamientos que se hicieran en esta ocasión, arribamos a la conclusión de que, para el próximo acto de esa naturaleza que se celebre, “El Soberano”, debería ser dado, como lejano homenaje póstumo al magnifico comediante de la década de los años cincuenta (1950), Leopoldo Fernández (Tres Patines), y al elenco de la “Tremenda Corte”, por la vigencia que aún mantienen esas producciones, y las magníficas realizaciones particulares, a pesar del tiempo transcurrido.

Son muchas las repeticiones que a diario se escuchan en este país de esos programas cómicos o humorísticos, con una gran audiencia. Evidentemente, por la calidad y profesionalidad que se verificaba en aquella época pasada, cuando en realidad se hacía un humor sano y risible; no con las vulgaridades y el doble sentido que en la actualidad se estila.

Además, para lo que ha venido premiando últimamente, ¡tendría muy buena acogida dentro de la sociedad dominicana, esa decisión!