Pruebas y libros

Por Carlos Luis Baron lunes 25 de junio, 2012

La escuela dominicana necesita modernización, adecuarla a los nuevos tiempos. Comprender que sin programas efectivos de alfabetización, no se podrán graduar buenos bachilleres.

Ahora mismo asoma la cara de los dos fantasmas que tradicionalmente han perseguido a la escuela dominicana. Las pruebas nacionales y los libros de texto.

Cualquiera de los dos, se han constituido en un lastre, en un pesado saco para llevar sobre los hombros de la mayoría de los dominicanos.

Para lograr su desarrollo, la escuela pública dominicana necesita que se eliminen las Pruebas Nacionales, y que se amplíe la brecha de la fecha para los cambios en los libros de textos.

Las pruebas anuales solo sirven para ocultar una realidad; que es mala la educación básica e intermedia que se ofrece en el país. Que la mayoría de los estudiantes pasan por un hilo dental, o sencillamente adquieren los resultados que siempre están disponibles.

Es un absurdo mantener unas Pruebas Nacionales que cuestan cerca de mil millones de pesos, pero no se adelantan programas de alfabetización.

Decenas de niños entran cada año a la edad en que deben saber leer y escribir, pero al contrario se quedan fuera de las aulas, y en breve pasarán a ser adolescentes u adultos jóvenes sin ningún tipo de capacidad.

Proponemos que el dinero que se invierte en las Pruebas Nacionales se destine a un amplio programa de alfabetización nacional, que se lleve a cabo en todos los horarios, y en todo el territorio nacional.

El otro absurdo son los libros de texto. Para que sean un buen negocio de editores, son cambiados todos los años.

Pedagogicamente no hay razón ni justificación para que los libros de texto se cambien todos los años, en el sistema pública y en los colegios privados.

Los libros de texto deben ser cambiados cada cuatro años, en los casos que se amerite, y hay otros de lenguaje permanente, que podrían durar más tiempo.

Con el sistema actual, el libro que se compra este año debe ser tirado al zafacón, porque no sirve para los niños que acaban de pasar de curso. Eso tiene que ser solucionado.

En ambos casos debe haber una tarea consensuada. Los colegios privados, los editores, el ministerio de Educación y los padres de alumnos.

Mucho hablan algunos sectores del Cuatro por Ciento como si fuera una pócima mágica, cuando no es más que un espejismo. Si con estas distorsiones se aprueba el cuatro por ciento, sencillamente alimentará programas mal diseñados.

Culpa de estos problemas lo tienen los organismos internacionales que sirven de asesores, sin tomar en cuenta las necesidades nacionales y los graves problemas de cubrir los parches que deja el analfabetismo nacional.

Manos a la obra, para ver que se puede aplicar cuando comience el nuevo año escolar.