Que decida el Claustro

Por Carlos Luis Baron martes 10 de julio, 2012

La Universidad Autónoma de Santo Domingo es la institución del país que mas estructuras democráticas contempla para tomar sus decisiones, aunque en honor a la verdad, casi siempre se ha impuesto la estridencia de las minorías y los organismos han actuado presa del chantaje de grupos que nada aportan a su desarrollo.

La actual coyuntura que se vive en la academia, es un cuestionamiento a la autoridad del Consejo Universitario cuya facultad para revisar tarifas se las concede el Estatuto Orgánico en su Artículo 36, acápite g) que dice: “fijar las tarifas de los derechos que deberán pagar los estudiantes y graduandos de la Universidad por concepto de matrícula, examen, expedición de títulos o por cualesquiera otros motivos.

La mejor manera de fortalecer la democracia es respetando las reglas establecidas para su funcionamiento. Quienes incurren en acciones de anarquía para cuestionar medidas legalmente adoptadas, se colocan al margen de la democracia y en consecuencia no pueden reclamar derechos para sí, que a los demás no conceden.

El Consejo Universitario, debe proceder a convocar el Claustro Universitario, para que sea este organismo quien decida la amenazada suerte de una institución que merece ser protegida por toda la sociedad, pero sobre todo por quienes tienen la responsabilidad de ser miembros directos de la misma.

Que se convoque al claustro con una sola propuesta:

1.- Si se derogan las medidas adoptadas con el Consejo Universitario.

De igual modo, el Claustro debe dar poderes tan amplio como fueren necesarios, al Consejo Universitario para que aplique la decisión adoptada y garantice la docencia en la Universidad, así sea la supresión de grupos y expulsión de miembros de la familia universitaria, sean estos estudiantes, empleados o profesores, aunque para ello tenga que hacer uso de la fuerza pública de la nación.

Llego el momento de que la Universidad cambie la manera de hacer las cosas, pues durante cuarenta años el actual modo de hacerlo, a lo único que ha contribuido es a deteriorar su calidad y a reducir su imagen ante la sociedad.

Si quienes la integramos no somos capaces de atacar sus males y extirparlos de raíz, tendremos que cargar con la responsabilidad de que se muera en nuestras manos y eso sería muy triste.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.