¡Qué diferencia compay!, de asna y pollino, a un Mercedes-Benz Clase M

Por Carlos Luis Baron miércoles 12 de diciembre, 2012

Una de las causas principales, entre las tantas que han venido restándoles adeptos a la religión católica, es la suntuosidad que prevalece entre sus representantes de mayor jerarquía, como a nivel de sus instalaciones físicas, destinadas a fines diversos; al igual que, la ostentación de poderío mundial, que de ordinario se pone en evidencia, como nuncio de la supremacía que se cree tener, frente a las demás sectas denominadas cristianas.

Cuando uno trata de asociar lo que fuera el ministerio del Maestro Jesús, en sus dos roles terrenales diferentes, hasta los 33 años cronológicos, como tal, y como Jesús el Cristo, en términos de la Expresión divina a cargo, caracterizada por la humildad extrema inherente a la misma, durante el cual fundó la Iglesia Católica, en cabeza del apóstol Pedro, primer Papa de la historia cristiana, la verdad es que se produce un verdadero choque frontal, simbólico comparativo.

Y eso ocurre, con respecto a lo que ordinariamente se ha venido observando en esa institución religiosa, en lo referente a esas dos características fundamentales en el orden espiritual – manifestación del Amor Divino, y verdadera humildad sentida -. Evidentemente, no son de las cosas que esa entidad, por lo regular, proyecta hacia sus amplias feligresías parroquiales, repartidas en todo el mundo.

Una de las muestras más fehacientes de aquel “glamour”, o estilo ostentoso sectorial católico, indicador de la gran separación entre el Papa, cabeza de esa jerarquía eclesiástica, y el grueso de sus colaboradores, como de los fieles creyentes identificados, es la adopción, desde la década de los años 80, del famoso “papamóvil”, blindado por completo, con todas las comodidades necesarias, como lujoso por demás, para el transporte terrestre, durante los periplos internacionales que realiza, el que siempre es recibido y exaltado en todas partes, ¡como el Dios terrenal! Cuestionable eso, ¿verdad?

Ahora vemos, según una reseña de prensa que aparece publicada en el periódico “HOY”, edición del 8-12-12, página 3C, que “El grupo automovilístico alemán Mercedes regaló ayer (7-12-12), al papa Benedicto XVI dos nuevos modelos de “papamóvil dotados con las últimas tecnologías y comodidades y que podrán ser transportados en avión para ser utilizados durante sus viajes internacionales”. ¡Muy buen obsequio! Y de alimentos y medicinas para los pobres del mundo, ¿qué se habrá de dar?

Vemos entonces que, mientras al “sucesor” lejano hoy, del apóstol San Pedro, el que fuera Vicario de Cristo en la Tierra, sólo se le puede ver a través de los vidrios blindados en su “moderno carruaje” – papamóvil -, intocable por supuesto, cuando se desplaza por las calles de los países que visita, en la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, el mismo se transportó en una asna, y un pollino con ella, llevando sus mantos, en presencia de una gran multitud que le esperaba, diciendo al recibirle: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Véase: S. Mateo, Cap. 21-1-11, Sagrada Biblia).

¡Cuánta diferencia!, que invita a reflexionar, distinguidos lectores. Jesús, con tan alta misión divina que cumplir: encarnar al Cristo, la Suprema Conciencia Divina, para expresión terrenal, montado en una burra, acompañada de un pequeño asno, para llevar el “equipaje” del Maestro, con un humilde vestuario, y sandalias en los pies.

Sin embargo, el Papa de turno, moviéndose a bordo de un “Mercedes-Benz Clase M, dotado de accesorios especiales que permitirá al Pontífice estar cerca de la gente que encuentre durante sus viajes apostólicos”. ¡No es que se le toque, como lo hacían con Jesús sus seguidores! Pero además, ataviado con lujosos atuendos; exhibiendo finas y delicadas prendas en sus extremidades superiores; y, con un extenso aparataje de seguridad, rodeándole por doquier. ¿Por qué?

¡Qué distinto todo compay! Y no es cuestión de época, como quizás aducirían algunos para justificar en el presente ese comportamiento ostentoso. ¡No!, por más razones que se quieran alegar hoy. La humildad sobre todo – el desprecio por completo a las actitudes egotistas -, tiene que ser parte integral de la filosofía de esa organización religiosa, tal cual lo indujo su precursor prístino.

La misión de la Iglesia Católica fue en principio, y debió seguir siendo siempre la misma, a través de los siglos, el constituirse en la gran “difusora” de las enseñanzas espirituales cristianas, en honor, y fiel recordación a su fundador, como mentor original, predicando en adición con el ejemplo. Además, complementar la misma, procurando ser la magna consejera de toda la humanidad en ese orden.

¡Tarea!, ¿es lo que ha venido haciendo esa institución religiosa?

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