Que explica el desempleo en una economía de vigoroso crecimiento económico?

Por Carlos Luis Baron miércoles 25 de julio, 2012

En la República Dominicana occidental el desempleo creció a pesar de que las estadísti­cas no son fiables. En el momento culminante de la expansión – a finales de los ochenta – los desempleados hacían "cola" en los consula­dos españoles y norteamericanos. Hacía más de tres décadas (1960-1990) que estaban en paro y un tercio de ellos se concentraba en la matrícula de formación de sindicatos y clubes.

Dado que la población trabajadora potencial no aumentaba con la afluencia de los hijos de la posguerra (1965), y la gente joven (tanto en épocas buenas como malas) solía tener un mayor índice de desempleo que los trabajadores de más edad y no podía haber esperado que el desempleo permanente disminuyese, la miseria era razonable. (Casa Albergue). Por lo que se refiere a la pobreza y a la miseria, en los años ochenta, incluso, muchos de los dominicanos más ricos y desarrollados tuvieron que acostumbrarse de nuevo a la visión cotidiana de mendigos en las calles, así como el espectáculo de las personas sin hogar, refugiándose en las cajas de cartón, mendigando o no, cuando no, los policías se ocupaban de sacarlos de la vista del público. En una noche cual­quiera entre (1970-2000) miles de hombres y mujeres durmieron en las calles o en los albergues públicos, y es­ta no era sino una pequeña parte de los cerca de 2 millo­nes de indigentes de la población actual que en un momento determinado generaran estallidos de violencias que afectaran la gobernabilidad democrática de la Repú­blica Dominicana.

Hoy, gracias a la división social no sabemos con certeza cuántas personas sin techo deam­bulan por las calles. ¿Quién en los años cincuenta, o incluso a principios de los sesenta, hubiera podido esperarlo? La reaparición de los pobres sin hogar formaba parte del gran crecimiento de las desigualdades sociales y económicas de la nueva era -en relación a las medidas mundiales-.Las "economías desarrolladas de mercado" más ricas no eran particularmente injustas en la distribución de los ingresos. En las menos igualitarias (Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Suiza) el 20 por 100 de los hogares del sector más rico de la población, disfruta­ban ele una renta media entre ocho y diez veces superior a las del 20 por 100 de los hogares del sector bajo y el 10 por 100 de la renta total del país. Sólo los potentados sui­zos y neozelandeses, así como los ricos de Singapur y Hong Kong, disponían de una renta superior. Todo esto ocurre en la República Domini­cana de una manera inversa, pero, aun peor, pues acá las mediciones científicas carecen de certeza y nos he­mos limitado, al señalamiento de la problemática sin aportar soluciones concretas. Por ejemplo: el número de familias y clanes ricos que viven a costa de los demás, tragándose la ren­ta real global.

Visto en una perspectiva del análisis económico, nuestras desigualdades son fruto de un sector alto de la población (minoría) que obtiene casi un tercio de la ren­ta total del país, por no hablar de entre 40 o 65 por ciento estimado a "buen ojo de cubero", por la radical iz­quierda dominicana. En este para­digma de la injusticia social, los dominicanos somos los campeones de la desigualdad económica. Cerca del 20 por dentó del sector bajo de la población se reparte apenas el 2.5 por dentó de la renta to­tal de la nación, mientras que el 20 por 100, situado en el sector alto, disfruta de casi dos tercios de la misma. El 10 por 100 superior se apropia de casi la mitad. Esto ultimo le otorga la razón al sofisma de que "pocos tienen todo y todos nada". Sin embargo, en las décadas de crisis, la de­sigualdad creció inexorablemente en los países de la "economías desarrolladas de mercado"; en especial des­de el momento en que el aumento casi automático de los ingresos reales – al que estaban acostumbradas las clases trabajadoras – llegó a su fin. Entre (1978-1986) aumenta­ron los extremos de pobreza y riqueza, al igual que en una gran parte de los gobiernos de Balaguer (1966-1978), (1990-1994), al margen de la distribución de las rentas en la zona intermedia (dase media). Si este pueblo eligiera con sentido lógico sus gobiernos, el Partido Revolucionario Dominicano jamás alcanzaría el poder político después de las aventuras políticas entre (1978-1986), sin olvidar, claro está, la lucha por los valores democráticos, de lo cual, viven jactándose los socialdemócratas populistas, casi como una manera de tratar de borrar de la historia, la derrota publica que nos ocasionaron. Veamos: "Salvador J. Blanco prometía, y proyectaba una imagen de integridad irreprochable, reconocida entonces por sus propios enemigos".

El sistema fiscal había perdido su capacidad de cap­tar recursos para financiar el sector público. El déficit en la balanza de pagos sobrepasaba los 400 millones de dó­lares y las reservas netas reflejaban un déficit de más de 700 millones de dólares. Las exportaciones no excedían los 1,000 millones de dólares al año y cuyo presupuesto no excedía los 1,000 millones de pesos al año. Para un país con 5.6 millones de personas, esta situación, era in­soportable.

En 1982, México declaró una moratoria sobre su deu­da externa y dejó de hacer pagos correspondientes a sus acreedores. Desde entonces, los bancos extranjeros em­pezaron a negarse a prestarle dinero al país a menos que se llegara a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Jorge Blanco aceptó las sugerencias de su "equipo económico". Se ordenaría a las fuerzas armadas cerrar las casas de cambio con el objetivo de que las personas sólo pudieran comprar y vender dólares en los bancos comerciales. Esto produjo un desorden financiero, fuga de capitales y especulación, lo que a seguidas provocóque el peso se devaluara en más de un 100 por ciento. El domingo 23 de abril de 1984, los encargados de las políticas económicas del gobierno (Bernardo Vega, Banco Central) aprovecharon las va­caciones de semana santa para subir los precios de todos los productos esenciales al momento de los dominicanos vacacionar. Un lunes 24 de abril (lunes negro) los dominicanos se lanzaron a las ca­lles a protestar. Cerca de 70 personas fueron asesinadas por las fuerzas mili­tares, quienes obedecerían órdenes direc­tas de Jorge Blanco (Moya Pons, Pág. 562). A regañadientes Jorge Blanco y sus asesores económicos firmarían un nuevo acuerdo "stand-by" con el FMI en abril de 1985. De una manera casi frenética, la política económica se derrumbaría a finales de 1987. El escritor no desea pasar por alto dejar de mencionar la figura en el horizonte de un economista llamado Carlos Despradel, (1978-1982). Ex gobernador del Banco Central, como materia, para las próximas generaciones de economistas, simplemente como estudio.

Esquizofrénicamente, República Dominicana era una sociedad "capitalista", pobre, más pobre que nunca con anterioridad en la época contemporánea. Rabiosamente, Balaguer, cauto, silencioso y profundamente hermético, más tarde, prepararía su dulce venganza política que hundiría al PRD hasta el año 2000 (Hipólito Mejía). Una gran parte de los dominicanos estaban protegidos por los generosos sistemas de asistencialismo y hubo menos malestar social del que se hubiera podido esperar, (CORDE).Pero, las haciendas gubernamentales se veían ago­biadas por los grandes gastos sociales, que aumentaron con mayor rapidez que los ingresos estatales en econo­mías cuyo crecimiento era más lento que antes de 1978 (PRSC). Pese a los esfuerzos realizados, casi ninguno de los gobiernos entre (1962-2000) y "básicamente democrá­ticos" ni siquiera los más hostiles a los gastos sociales (PRD 1978-1986), lograron reducir o mantener controla­da la economía dominicana con excepción de Joaquín Balaguer (1990) y Leonel Fernández (1996-2000). En 1970 nadie hubiese esperado, ni siquiera imaginado que suce­dieran estas cosas. A principios de los noventa empezó a difundirse un clima de seguridad, acompañado de re­sentimiento, incluso de un gran sector del pueblo que re­cordaba al PRD. Como veremos, esto contribuyó a la ruptura de las políticas gubernamentales con el Doctor Balaguer. Sin embargo, aunque muchos no lo deseen aceptar, ni creer, el hecho central de la modernidad llegó a la República Dominicana con un perfecto desconocido (Leonel Fernández, 1996-2000).

Con la derrota de José Francisco Peña Gómez a ma­nos del PRSC y del PLD (1996) la República Dominicana comenzaría una nueva etapa en el sistema de partidos políticos. La era de los criterios caprichosos de la econo­mía había llegado a su fin. La herramienta principal que se había empleado fue la acción política nacional e internacional, coordinada, la cual funcionaba. Las décadas de crisis fueron la época en la que el Estado Nacional perdió sus poderes, porque, como de costumbre, la mayor par­te de los políticos, los economistas y hombres de negocios no percibieron la persistencia del cambio en la co­yuntura económica. (Andy Dauhajre).