¡Qué frase tan expresiva de una realidad!

Por Carlos Luis Baron martes 23 de abril, 2013

Cuanto más conozco a la gente más quiero mi perro (Diógenes de Sínope, según información en la Internet). De las tantas frases que se han acuñado a través de los tiempos, una de las más significativas es ésa.

Probablemente, la misma envuelve el mensaje que más a diario se verifica, la ingratitud entre los hombre, cuando se vive interactuando con personas distintas, y a la vez tratando canes, sin importar que sean de raza, con pedegree (pedigrí), ligados, o viralatas, los sin dueños, cuando son objeto del afecto y cariño humano.

Los perros están catalogados como uno de los animales más inteligentes; de tener un finísimo olfato, ser amorosos, agradecidos, leales a carta cabal, y poseedores de un instinto solidario increíble.

Detectan hasta los estados de ánimo de sus amos; y, cuando les notan estar tristes, acongojados, depresivos, con los movimientos de sus colas, y un lamer constante, como que intentan decirles, yo estoy contigo, y en verdad, no se les despegan del lado.

Comprobado está que, aunque carezcan de raciocinio total, algo de eso tienen, por su proceder oportuno y loable; más aquellos que, han avanzado lo suficiente dentro de la escala evolutiva de su especie.

Algunos, hasta entienden más que ciertas personas; memorizan algunos vocablos humanos, e interpretan las órdenes que reciben con bastante facilidad.

Al compararles con la gente, en el marco de la aludida frase, los que más pueden establecer diferencias de ésos, con relación a muchos seres humanos, son aquellos individuos con marcada proclividad altruista hacia sus congéneres, por los comportamientos con que de ordinario son reciprocados, normalmente caracterizados por la ingratitud marcada, y la deslealtad a toda prueba, atributos dañosos y desmotivantes que en los perros muy difícil, por no decir nunca, se observan.

Luego, las personas a las cuales se les sirve de manera incondicional, con muy raras excepciones, le van matando el sentimiento altruista a cualquiera. Le inducen a asumir actitudes de indiferencia frente a los demás, por sensible que se haya sido.

Aunque feo resulte decirlo, eso no ocurre con los perros. Todo lo contrario, los mismos siempre están dispuestos a reciprocar con los recursos a su alcance: lealtad, solidaridad, y amor, como ellos saben expresar tales cualidades.

En los canes, jamás se evidencia ingratitud; en la mayoría de la gente a cambio, la misma se exhibe más que el recordar. Prima la conveniencia momentánea sobre las cosas. Cuando ésa deja de estar presente, por la razón que fuere, se olvida todo lo anterior, y de inmediato afloran el resentir y la mala voluntad hacia el que ya no puede, o no le inspira servir, por entender que no se debe.

Los perros siempre motivan las acciones humanas en su favor, y hacen que se cumpla voluntariamente con el deber de socorrerles, protegerles, alimentarles, medicarles, etc.; amarles cada vez más, como parte de nuestros hermanos inferiores, o menores, que son.

Si reflexionamos sobre el mensaje contenido en la citada frase, y comparamos, podemos confirmar, ¡qué tan cerca de la realidad se encuentra!