¡Qué pena dan algunos funcionarios! ¿y cuando caigan en la picota pública qué harán?

Por Carlos Luis Baron miércoles 5 de diciembre, 2012

En la sociedad dominicana el 45%, de la población, al parecer, no fueron formados en valores familiares y mucho menos en moral y cívica excluida de las escuelas, y esto se refleja más en algunos funcionarios que han llegado al tren gubernamental después de vivir de manera paupérrimas en algunos barrios de escala numeral menor del uno (1), al cero (0), dentro del renglón descendente.

Decimos esto y "desenvainamos" este tema para colocarlo en boga, porque muchos de los funcionarios que llegaron desde el 1996 al 2012 al tren gubernamental, actuaron y han actuado en este momento de forma inhumana y burlona, con los infelices que lucharon para que estos gobiernos obtuvieran la gran facilidad de ir al solio presidencial, sin ningún tipo de tropiezo.

Sin embargo, estos "encopetados" funcionarios que de una manera u otra usaron a los infelices para que hicieran el trabajo, hoy se pasean en lujosas jipetas, tienen lujosas mansiones, viven con la cartera repleta de dinero, y con mujeres diferentes a las que tenían antes de llegar a ocupar el puesto, o con sus queridas, no ven en el infeliz que luchó a "brazo roto" para que el gobierno llegue, se le importa o se les importó un conmino.

Ellos cambian sus estatus sociales, cambian el teléfono, andan con un grupo de "lambones y chupa medias" como guardia espalda, se mudan y hacen un sinnúmero de cosas que se olvidan que fueron, o son ciudadanos comunes, y que el puesto es transitorio y que nada de eso es herencia suya ni de nadie.

Hemos visto individuos como funcionarios que convivieron con infelices de manera inseparable en barrios totalmente atrasados, y al cambiar sus teléfonos, estos no pueden lograr acercarse a ellos, porque también se lo impiden la seguridad de manera tal, que los empujan y los denigran, y si "por manos de los trapos" logran encontrarse con estos, pues de inmediato le dicen: ¡muchacho y dónde tu estas, qué es de tu vida, yo te quería ver, pasa por mi oficina!

Este infeliz que se lo está "llevando el mismo Lucifer", toma dinero prestado y se alquila un traje para ir bien representado donde su amigo que es funcionario a quien nunca abandonó cuando estuvieron en la mala.

Y resulta que al llegar a la oficina se encuentra con tanto protocolo y con una joven que funge como secretaria que no lo conoce, y se la pone en "La China" para que no entienda nada, le aconseja que vuelva mañana o que vuelva equis día, porque el funcionario está ocupado, o lo llamaron de Palacio urgente y tuvo que salir de repente, pero en ese mismo instante llega un "Juan de los Palotes" o "Zutano y Mengano", y desde que estos llegan, la secretaria que es amiga de estos, si les dice de inmediato con una seña que se aguante un momento que el visitante que le dijo el jefe que visitara se vaya para anunciarlos y pasarlos de una vez a verse con el funcionario.

Amigos lectores, esto ha ocurrido en innúmeras ocasiones en este país de tráfico de influencias, prevaricación, asechanza, alevosía, egocentrismo, burla, zancadillas, maledicencias, grosería, infamia, envidia y lo peor de todo, nuestras propias miserias humanas.

No es ni más ni menos lo que acabo de plasmar en este trabajo. Ahora bien, yo quisiera que los funcionarios de este gobierno, se vean hacia adentro y que siempre hagan lo correcto, que no se llenen de odio, que no se llenen de poder, que no se emborrachen, porque les vamos a llamar como tales.

Asimismo, que luchen por el bienestar del país, no por sus propios intereses y bienestar personal; sean benignos con los demás; no odien y piensen, que pueden ser sus hermanos o sus hijos, quienes sufran esto en un momento determinado y que un desplante es un bochorno para cualquier ciudadano.

No a la ingratitud; ya está bueno de tanto egocentrismo y burla. Muchos de los que son directores departamentales o gerentes de instituciones del gobierno, piensan que tendrán el puesto para toda una vida, y que son impolutos a las críticas razonables, piensan que lo que ellos dicen de forma manifiesta no llega a los inculpados, pero muy lejos están de que algún día, se puedan "desenmascarar" a quienes osan tener esa mala práctica de acusar y dar "palos a ciegas" con la esperanza de que no pueden ser descubierto.

Hasta un próximo escrito, dilectos lectores…

Rafael Fernández es periodista y estudiante de derecho