¿Quién es responsable de la pobreza?

Por Carlos Luis Baron martes 1 de mayo, 2012

Puerto Plata. -La plaga más grande y antigua que ha podido conocer la humanidad es la pobreza. Los recursos naturales y la capacidad de producción no son los culpables de ésta, según los expertos, más bien la forma en que son distribuidos lo mismos.

“Capitalismo salvaje”, le llamó el Papa Juan Pablo II en una alocución, donde se refirió al tema, enviándole un mensaje a los grandes capitalistas del mundo por la forma como se distribuyen una pírica migaja de los recursos para la mayoría de la humanidad. Este mensaje también pudo ser bien dirigido al grupo de los “G”, quienes tienen la mayor responsabilidad del calentamiento global, donde está siendo afectada todo el mundo, sin embargo solo unos pocos se benefician.

“A los pobres siempre lo tendréis con vosotros”, narra la Biblia en el evangelio de Juan capítulo 8, versículo 12, respondiéndole Jesús a Judas cuando en una de sus reuniones una mujer llamada María derramó en sus pies un perfume de nardo de un alto precio para la época.

Muchos conocedores de la economía y la política, e incluso varios autores, han manifestado que el ochenta por ciento de las riquezas de la tierra la posee solo el veinte por ciento de las personas, y que con el veinte por ciento restante, viven el ochenta por ciento de los seres humanos. Esta teoría también es confirmada en el diagrama de Pareto; cuando hablando sobre el manejo de los inventarios dice: “El ochenta por ciento del valor de un inventario de artículos se debe al veinte por ciento del mismo, mientras que el ochenta por ciento del total del tiempo de trabajo, se consume con el veinte por ciento de las actividades diarias”.

La forma en que se está haciendo y ejerciendo la política dominicana también podría sustentar la teoría antes mencionada. Pues los pobres son parte de los discursos demagogos de los aspirantes a dirigir desde el más diminuto puesto político que se pueda ostentar, hasta el más elevado como la presidencia, sin que puedan exhibirse verdaderos cambios significativos en contra de esta plaga llamada pobreza.

Las iglesias y los llamados religiosos también han explotado el tema, y esto ha de entenderse el por qué, pues los pobres son la mayoría de la población, las circunstancias lo obligan a estar más vulnerables, su vida gira en necesidades incumplidas por su nivel; deseos de suplir esas necesidades y la esperanza -esta última- es la que permite que nos levantemos cada día a soñar y a trabajar en un mundo donde cada vez se hace más difícil cubrir nuestras necesidades básicas.

Encantadora promesa de heredad, prosperidad y salvación, que aparece en los libros religiosos, son predicados y exaltados por quienes se dedican a esta actividad, sin embargo el problema continua radicado en la distribución. Mientras muchos promotores de la fe y esperanza viven una vida prácticamente cómoda, sus seguidores no. Los vistosos y elegantes trajes, las instituciones educativas que poseen, son solo unos ejemplos del poco interés de llevar a la práctica una verdadera forma de estrechez entre los pobres y los demás grupos sociales.

La filosofía, la mercadotecnia y la teología, se han unido para convertirse en un instrumento de bendición… con las limosnas y los diezmos de muchas personas que tienen un mínimo acceso a los servicios básicos.

“A los pobres siempre lo tendréis con vosotros” ¿Qué habrá querido decir Jesús con esta frase? Que el destino nos obliga a existir, o, ¿Sabía él que los poderosos de la tierra jamás bajarían de su “status quo”, para darle a los demás la oportunidad de disfrutar de las bondades creada por Dios?

Muchos empresarios rehúyen el tema, abogan que ya han dado su aporte al fisco y a la sociedad, se abre un abanico de evocadoras de esperanzas, dejándonos la dudas si realmente son los tiempos finales, si ya están cumplidas las profecías, o solo buscan escalar a una mejor posición, como en la política.

Mientras el mundo y en especial la República Dominicana, sufre la bastida de la falta de servicios como agua potable, salud, educación, entre otros, por la mala distribución de las riquezas, un reducido grupo goza de la dicha y los recursos de los que deberíamos beneficiarnos todos. Haga usted su propia conclusión.