¿Quo Vadis?

Por Carlos Luis Baron martes 3 de julio, 2012

La sociedad dominicana está carcomida, putrefacta y necesitada de un relevo social, moral y de fortaleza institucional. Si el nucleo básico de la sociedad es la familia, hace tiempo que perdimos a la sociedad, y caímos en el infierno. Los constantes hechos de violencia, sobre todo intrafamiliar, indican que no existe ya, ahora mismo, el núcleo básico de la sociedad.

Ese ausentismo es rellenado por el robo, la violencia, la corrupción, la falta de valores y el salvese quien pueda. O sea estamos levantando las zapatas del infierno, en el marco de los 42 mil kilómetros cuadrados de la República Dominicana. De seguir por este camino, solo los agonizantes se sentirán felices.

No será ni el primero ni el último segmento social que cae hecho pedazos por sus pecados, sus desafueros, la falta de esperanzas en el futuro, y el devenir cada día más oscuro. Las manorías seguirán pensando que el respeto al derecho ajeno es la paz, mientras que su área vital cada día se acorta más.

Pero hay soluciones. Son dolorosas y cuestan sangre y luto, pero hay soluciones. Una sola. Aplicar el peso de la ley. Lo que estamos faltos los dominicanos es de que se aplique con rigurosidd el peso de la ley, sobre la cabeza y los hombros de los infractores.

Si la ley fuera fuerte, si no se burlara, si la posición económica, social o política no determinara la impunidad y la inmunidad, entonces seríamos otra sociedad.

La justicia tiene que ser imparcial, tendiéndole la mano al inocente golpeado por la barbarie, pero aplicando todo su puño y espada al victimario, al abusador, al que le enrrostra a los desválidos su gran poder. Pero aquí está haciendo patente de corso la máxima de todo hacer, todo pasar. Por desgracia, el desorden no se impone en las sociedades en forma permanente. Y digo por desgracia, porque la acción correctivo de estos males, es tan fuerte como los estragos de la enfermedad.

El exceso de libertades, cae en el libertinaje, y el libertinaje lleva a las dictaduras, sean civiles, civico-militares, o militares. El crecimiento del aura de los dictadores llega de brazos del desorden social.

Puede surgir un mesías religioso, o la religión en si, que trate de enderezar los entuertos, pero la religiosidad tiene sus limitaciones, que al tiempo que le dan fortaleza, le hacen cruzarse dde brazos en un pedazo del trecho. En todo el discorrer de la hisotria de la humanidad los hombres vendieron su libertad a cambio de tranquilidad. Para las grandes masas es preferible tener orden y disciplina, antes que vivir en libertad y opinar de acuerdo con su pensamiento.

La libertad, de palabra, de expresión, corporal, es un beneficio que sólo disfrutan y valoran sectores minúculos y escogidos de la población, para la gran mayoría le es indiferente ese derecho inalienable, pero si les importa que al salir a la esquina lo asalten, la forcen o siga la descarnada violencia familiar.

Con esta violencia desenfrenada, el irrespeto al derecho a la vida, el no respetar el derecho ajeno, estamos abriendo el hoyo para poner las zapatas de un hombre de fuerza. La era de Trujillo no se enseña en las escuelas, pero nadando en estas porquerías fue que se foratleció su regimen que se eternizó por más de 30 años. ¿Quo vadis, Dómine?