Razón de las diferencias individuales en la especie humana

Por Carlos Luis Baron jueves 2 de febrero, 2012

Cuan complejo se hace el tratar de entender y aquilatar los comportamientos particulares de las personas; la manera de pensar, en base a la cual se actúa individualmente; así como, los impulsos emocionales que les mueven hacia determinadas acciones, amorosas, egoístas, irracionales, altruistas, etc., que nunca son igualmente atribuibles a la generalidad de los seres humanos. Siempre, las diferencias son observables a simple vista.

Pero además, son más que notables las habilidades propias de que particularmente se ha sido dotado; las facilidades con que se puede contar; y, las posibilidades que se tienen para emprender determinados proyectos, obteniendo siempre los logros esperados, que abarcan desde el desempeño de altas posiciones públicas o privadas, hasta la conformación misma, en su oportunidad, de la tribu biológica familiar deseada, entre otras cosas.

Todo, para algunos siempre es posible, tras esfuerzos razonables. A otros, las cosas se les dificultan sobremanera. Y, para los componentes de un amplio segmento de la humanidad, nada se torna alcanzable, a pesar de las ingentes diligencias que se hagan.

Por otra parte, las corrientes de vidas humanas cursan de manera diferente. Algunas resultan muy holgadas y satisfactorias, desde el nacimiento, hasta el abandono del plano físico – muerte -; mientras, otras discurren llenas de precariedades, tormentos, sufrimientos y enfermedades diversas.

Incluso, la cronometración del tiempo de subsistencia física es variada, y exacta, en términos cronológicos; “nadie se muere la víspera”, como reza un refrán popular. También, no todos los viajes de regreso se producen bajo las mismas condiciones y circunstancias terrenales; en estos, se dan también significativas diferencias.

Evidentemente, cuando se repara con atención y agudeza mental sobre la variabilidad de condiciones en el género humano, las preguntas reflexivas que no se hacen esperar son, ¿por qué?, ¿cuál es la razón? Por supuesto, de inmediato comienza la búsqueda de posibles respuestas, normalmente en el marco de las concepciones y verdades convencionales, que tienen como única fuente de contesta o retorno, el contexto limitado de la mente humana.

Pero, para lograr satisfacer, aun parcialmente, las valerosas inquietudes en tal sentido, se debe recurrir de maneras obligatoria al ámbito de la espiritualidad esotérica, haciendo uso a la vez de uno de los instrumentos del conocimiento sabido más efectivo, que lo es la “intuición”, que permite obtener informaciones edificantes sobre el mundo suprasensorio, el cual está más allá de los sentidos y los pensamientos humanos limitados.

Claro está que, para llegar a desarrollar la habilidad de la intuición reveladora, que se produce desde el interior de cada uno, a través de la cual es posible captar la realidad de todas las cosas en su conjunto – todo es Uno -, se requiere del dominio previo de la percepción, a través de lo sentidos, y la inferencia, tanto inductiva como deductiva, que son instrumentos y procesos que permiten el conocer antes el mundo sensorio, en el que se manifiesta lo suprasensorio. Por consiguiente, no se puede obviar el primero, ya que el segundo se expresa en, y a través de ése.

Sólo yendo y hurgando a través de esos caminos, es como se puede comenzar a percibir y asimilar el porqué de las diferencias humanas, en ocasiones tan marcadas; la razón, por la que cada uno es distinto de los otros, y se comporta de forma diferente, aunque quizás entre algunos, las variaciones sean muy sutiles, a simple vista.

Luego, se facilita el compartir entonces, la analogía que hacen connotados esoteristas, asociada con esa temática, en cuanto al accionar humano en el escenario mundanal, por parte de los hombres, con características disímiles, y roles distintos que desarrollar durante sus corrientes de vida transitorias, previamente diseñadas, tal cual ocurre con los actores de cualquier película u obra teatral, que por supuesto, deben seguir el guión elaborado, bajo la conducencia de su director principal; y que, en el caso que nos ocupa, lo es el Creador Supremo, o el Gran Arquitecto del Universo.

A propósito cabría incluir aquí, lo que expresa Paramahansa Yogananda, en su pequeña obra “LA CIENCIA DE LA RELIGION”. Dice el gran maestro, “El hombre de realización espiritual sabe que Dios es el Hacedor, y que la energía necesaria para desarrollar toda sus acciones fluye directamente de Él”.

Por otra parte que, “Cuando se cultiva el desapego, desaparece el mezquino egoísmo. Sentimos que nos encontramos desarrollando nuestros respectivos papeles en el escenario del mundo, permaneciendo interiormente invulnerables a las miserias y pesares, amores y odios involucrados en ellos. En verdad, este mundo puede asemejarse en todos los aspectos a un escenario teatral”.

Eso quiere decir que, para su obra de Expresión y Manifestación plena en el plano terrenal, sus Atributos, que son los hombres en este caso, tienen que desarrollar papeles diferentes, y del acuerdo con su Voluntad, durante la subsistencia física; y que, acorde con los roles particulares que se deban jugar, o que a cada cual le toque desempeñar, le es programada una corriente de vida individualizada, con las características correspondientes – personalidad -, que incluye los aspectos, físicos, mental y emocional relativos. Además, el medio ambiente adecuado, y las facilidades necesarias.

El gran problema de la humanidad radica en que, no se actúa libre de identificación emocional, en relación con lo que se hace, las vicisitudes, el placer, el dolor, las tenencias físicas, etc., como tiene que ocurrir con los verdaderos actores de teatro, para que la obra o película quede a la perfección.

Y eso es debido a que, no se procede siempre de acuerdo con la Voluntad Divina, ni bajo la plena dirección del Director Supremo, lo que en parte ocasiona el cumplimiento inexorable de la tan poco aceptada norma esotérica de la reencarnación, bajo el mandato de la ley natural de causa y efecto; y mucho menos, los asuntos de carácter kármicos relativos a esa, pendientes de conquistar; claro, por falta de conciencia espiritual obvia.

Entonces, para evitar que eso ocurra, tenemos que tratar de estar siempre en disposición de emular al maestro Jesús, en cuanto a supeditar todo a la voluntad del Padre, cuando dijo, “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42).

Reconocer y asimilar, que todos somos actores en la obra, “Expresión y Manifestación Terrenal del Creador Supremo”, es lo más valedero. ¡Actuar como tales, sin identificaciones propias inferiores, es lo procedente!

Valdría la pena hacer mención aquí, a manera de colofón, de otra aseveración expuesta por el referido maestro, en la obra citada más arriba. “Cada uno de nosotros, como individuo, no es sino un reflejo espiritual del bienaventurado Espíritu Universal: Dios. Así como pueden contemplarse numerosas imágenes del único sol, al reflejarse en diversas vasijas de agua, también la humanidad parece encontrarse dividida en múltiples almas – las cuales ocupan diversas “vasijas” mentales y corporales – y separadas externamente del único Espíritu Universal. No obstante, Dios y el hombre son Uno en realidad, y la separación es solamente aparente”. ¡Magnífico ejemplo para reflexión!