Rebelde con causa

Por Carlos Luis Baron jueves 26 de julio, 2012

La juventud dominicana se encuentra en uno de los momentos más amargos de su existencia generacional. Cuando hay paz y tranquilidad y no se siente la persecución política, nuevos fenómenos acorralan a segmentos de la juventud. Las drogas, la prostitución, la delincuencia en todas sus manifestaciones, son las áreas fuera de la ley donde se sitúa una importante franja de la juventud dominicana. En los barrios marginados cientos de miles de jóvenes pierden la confianza en un futuro mejor, y sólo les queda, piensan ellos, buscar protección en la pandilla. De allí a ser carne de presidio o flor de cementerio hay menos de un paso.

Los problemas que sufre la juventud se han multiplicado. Hay hambre, miseria, falta de asistencia médica, crece el analfabetismo y una élite es la que llega a las universidades. A menor capacidad, se alejan las posibilidades de ocupar buenos puestos en la maquinaria del pleno empleo, por lo que la cara de violencia encuentra en cada esquina a sus soldados y sicarios. Si desde ahora los sectores pensantes de la sociedad dominicana comienzan a trabajar se podría rescatar y enderezar a la juventud. Una parte de esos muchachos menores de 25 años está fuera de la ley, por el germen de cultivo de las desigualdades sociales. Para hacer frente al delincuente juvenil, al ladrón, al matarife, a la prostituta, al vendedor de drogas, hay que mejorar las condiciones de vida de las barriadas donde residen.

Hay que ampliar las condiciones de vida en el campo, porque la juventud rural no encuentra alicientes para cultivar la tierra, y prefiere ir a las ciudades a vivir en los cordones de miseria, en una total promiscuidad. Hay fe y esperanza en la juventud dominicana, a pesar de los extertores que se vive actualmente.

Es una juventud con causa, que en diferentes etapas generaciones ha estado presente cuando el país la necesitaba. Fue esa juventud la que se tiró a las calles, para sacar a los remanentes de Trujillo sin nimportar los riesgos, y fue esa misma muchachada la primera en tomar las armas, cuando se hizo realidad la consigna de vuelta a la Constitucionalidad sin elecciones.

Lo mejor de la juventud dominicana murió en nuestras calles, en los combates del 1965, durante la revolución y la lucha contra los interventores norteamericanos. La sangre de la juventud abonó el árbol de la libertad, en los tristes y dolorosos 12 años del gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

Esa juventud dominicana puede tener problemas y dar tropezones, pero cuando las circunstancias se lo exijan, cuando el país se lo pida, sabrá dar un paso al frente, como ha sido siempre en el discurrir de nuestra historia.

Pero hoy tenemos que quitarnos el espejismo de los falsos valores. Esos cantantes de música callejera no representan a la juventud dominicana. Son exponentes del levantisco de barrio, del que se consigue unos pesos, y quiere hacer lo que le venga en gana.

Con esos merengueros de barrios, metidos a la violencia y al desconocimiento del derecho a la tranquilidad de los demas y rompiendo las buenas costumbres, hay que tomar medidas ejemplares.

A la juventud se le debe señalar con la suficiente claridad que esos merengueros representan los antivalores, y que no son rebeldes ni tienen causas. Son basura social, que por ambientación publicitaria creen que tienen liderazgo, cuando son simples pigmeos con unos pesos en los bolsillo. La verdadera juventud dominicana es rebelde y tiene causa.