Reducción militar

Por Carlos Luis Baron lunes 20 de agosto, 2012

En el siglo 20, la idea y la implementación de la conformación de un ejército de alcance nacional, fuerte, poderoso, de rápido desplazamiento y con una sólo línea de mando, proviene de la intervenciòn militar norteamericana. Hasta ese momento existían las montoneras, los generales de traje de fuerte azul; los hombres que se autocalificaban de pelo en pecho tomaban un sable, un caballo y con una escopeta en banderola llamaban a sus vecinos a la revolución.

En cada comarca había un cacique y un general. La llegada del siglo 20 llevó a la tumba a los generales de manigua. Esa expresion de fuerza mediatizada y de separatismo regional, era segada por los planes expansionistas de los norteamericanos.

Fue esa dispersión, ese liderazgo de campiña, que evitó un fuerte movimiento insurreccional contra un enemigo común, la intervención militar norteamericana, y la imposición de su más fiel discipulo Rafael Leonidas Trujillo Molina.

La debilidad de los caudillos era que su liderazo no pasaba de su aldea, como era el caso de Desiderio Arias, o de los gavilleros, en la zona Este. Solo los norteamericanos, y posteriormente Trujillo, tenían un poderoso ejército desplazado a nivel nacional, con una solo línea de mando.

Con el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, la llegada al poder de los bolcheviques, y la reciente revolución mexicana, los norteamericanos planificaron que solo la fuerza apoyada en las armas de cientos de miles de hombre, daba seguridad de mantener el poder.

Para los estrategas norteamericanos, comenzando la lucha entre la izquierda y la derecha, un ejército numeroso, apabullante, de alcance nacional era el futuro. Las montoneras y sus generales desaparecieron al filo de los sables y los pelotones de fusilamiento.

La concesión de un ejército fuerte, con gran poder de fuego, en una isla aislada y sin enemigos exteriores a la vista, no respondía a posibles enfrentamientos con fuerzas forráneos, sino prevenir o aplastar movimientos populares y revolucionarios.

La caída de la Unión Soviética, el abandono de Cuba de la línea de exportación de la Revolución y la alta tecnologia militar, hizo pensar a muchos estrategas que los ejércitos con miles de hombres, ya no son necesarios.

En los países del tercer mundo, por el momento, no hay peligro de revoluciones armadas, y el grueso de la fuerza pública únicamente tiene por tarea labores domésticas, en contra del crimen organizado, en cualquier de sus verdientes.

Desde hace varios años, los norteamericanos son partidarios de ejércitos pequeños, con armas y tecnologías sofisticadas, por lo que plantean la paulatina reducción de las fuerzas armadas, en todos los países de América Latina.

El turno de la reducción de las fuerzas armadas le va a llegar a la República Dominicana, tarde o temprano. Es una estela dentro del militarismo internacional, y es muy difícil que el país escape a esa línea.-

Sin embargo, por ahora nos oponemos a que se de un paso en la reducción de las fuerzas armadas dominicanas. Una medida de este tipo lanzaría a la calle, al desempleo, a miles de hombres y mujeres que allí se ganan la vida honradamente.

Se puede establecer un congelamiento de la matrícula de los organismos militares, para lograr su reducción paulatina, al momento en que algun soldado sea pensionado, termine su contrato, muera o se aleje por cualquier razón.

Otros podrían pasar a la seguridad pública. Si bien el entrenamiento de un soldado no es para lidiar con civiles- delincuentes, si se le puede dar un cursillo e integrarlo a la lucha contra la violencia.

También los militares y policías pueden jugar un papel estelar en la paz, y sus oficiales se pueden integrar a los planes de alfabetización, sobre todo en la zona rural.

La reducción del número de generales, tiene que ser tratado también a largo plazo y de acuerdo con la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas o la Policía. Los legisladores deben tratar este problema con sumo cuidado, por sus implicaciones socio-políticas.

No es el momento propicio para pensar en una reduccion de las fuerzas armadas o la policía, desde raso hasta generales. Comencemos un plan de seis años para adecuar a militares y policías a la realidad económica nacional.