Reflexiones al filo de un nuevo año

Por Carlos Luis Baron viernes 14 de diciembre, 2012

Al parecer, a Leonel Fernández no le perdonan sus logros personales ni mucho menos los grandes aciertos a favor del pueblo dominicano. Pero tampoco las brillantes ideas y mediaciones en el ámbito internacional. El problema empezó con las declaraciones del Prof. Juan Bosch cuando comparó su talento con el oro. El sabio elogio, respecto de aquel joven pensante, y la subsiguientes distinciones, no tardaron en asomar la envidia en más de un compañero suyo de esos de larga data; y qué decir de unos que otros contemporáneos… Incluso, los celos calarían hasta personalidades aliadas a su Partido…

El requemor quedaba evidenciado cuando, transcurrido algún tiempo, podíamos escuchar de los labios de ortodoxos peledístas achacar a las palabras proféticas, a la suerte, o a ambas, el hecho de que llegara a la presidencia de la República; y no a las cualidades personales de un brillante abogado, político y catedrático universitario… Tales prejuicios se anteponían, incluso, al reconocimiento de sus excelsas habilidades de negociador en pos de lograr la solidaridad, entre otras, del Dr. Joaquín Balaguer, quien percibió en su persona una mayor probabilidad de triunfo que entre los hombres y mujeres reformistas…

A Leonel no se le perdona su envidiable hoja de vida. El ser una especie de garantía a la estabilidad, la confianza, la gobernabilidad… Pero tampoco su gran potencial para encabezar organismos internacionales tales como la ONU… No dudemos de que ecos desinformativos en medios foráneos pretendan ser como zancadillas perversas ante cualquier legítima aspiración que él pudiera tener, dadas su calidad de estadista, su habilidad en dirimir conflictos, su aporte a la problemática internacional, su solidaridad con el vecino país haitiano, sus propuestas de paz para el Medio Oriente…

La maldad, el egoísmo y la indiferencia van más allá. Mientras la excelencia del presidente Medina, evidenciada en el discurso inaugural y corroborada en cada ejecutoria en el día a día, sin permitir que le distraigan las premeditaciones adversas, ha bastado para desarticular las más inverosímiles componendas a lo interno; mas intuimos ciertos elementos exógenos que enfocado en el plan de gobierno de Danilo han aprovechado tales irreverencias para hacer ecos de ellas en detrimento del país. ¿A caso eso de “…una media anual de 10 millones de turistas” no pudiera estar despertando preocupaciones en la región?

¿Por qué hemos nosotros, los sensatos, de servir de tontos útiles a esos politiqueros indiferentes al plan de gobierno de este hombre de talento y buena fe, quien día a día demuestra que sí podrá hacer de la Administración Pública una vía segura al progreso y un bienestar para todos? Debemos advertir que dejándonos arrastrar por esa corriente de lodo, de infamia, aportamos a la desconsideración internacional de nuestros valores ciudadanos y a la formación de una imagen negativa a nuestro reconocido don de pueblo hospitalario, amable, seguro, alegre, democrático, etc. Actuar así, sin advertir el fracaso, es de tontos.

De manera que, como resolución para un nuevo año de excelentes perspectivas, vale detenernos a reflexionar sobre el momento histórico que estamos viviendo. Esta es la gran oportunidad para que podamos sentirnos protagonistas del progreso que en todos los órdenes ha iniciado Danilo en nuestra querida Quisqueya. Para ello sólo basta con sumar horada y orgullosamente nuestros deberes cotidianos, practicar las normas de urbanidad, moral y cívica del derecho usual. La Era de Danilo debe inspirarnos al trabajo y a la superación personal porque eso él hace para todos, de corazón y sin distinción.